Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 281
Historia insolita de la musica clasica I
www.librosmaravillosos.com
Alberto Zurron
pidieron permiso para prender y ejecutar a la pianista, pero él alegó en su
favor que estaban ante una descarriada para echar de comer aparte y que
debía ser respetada en tanto no hubiera pianistas de su prestigio que la
sustituyeran. Al dictador lo encontraron muerto poco tiempo después en su
dacha. En su tocadiscos reposaba el disco de Yudina.
De niños saltando charcos y de mayores cordilleras
«El hombre es un ser de lejanías», escribió Heidegger. Pero el concepto de
lejanía se queda muy yugulado y resulta muy poco interesante si no se
vincula al concepto de desafío. El hombre es más bien un ser de alturas, y la
ciega persecución de las alturas exteriores sólo es un trasunto, una
necesidad transposicional de las interiores. Por eso los músicos las
persiguieron febrilmente. Beethoven sentía delirar al unísono sus sentidos
cada vez que se ponía de madrugada su indumentaria de explorador para
batir las montañas. Recuperado en la primavera de 1825 (54 años) de un
grave episodio intestinal mientras componía el Cuarteto nº 15 celebró el
hecho con una excursión de montaña a donde se llevó a sus amigos. Así
recordaba el periplo el compositor Ignaz von Seyfried: «[…] el intrépido guía,
cogiendo a uno de sus compañeros con mano firme, bajaba una pendiente
casi en pico con la rapidez de un reno, para divertirse ante la mirada
angustiada de los que le seguían entre caminos de piedras». Wagner era un
montañero impenitente, y de los preparados. En 1851 (39 años) lo teníamos
subiendo a pie el glaciar de Gries (cantón del Valais, Suiza), pisando fuerte
por sus gibas durante dos horas con la compañía de un guía. En ese mismo
año junto con sus amigos Carl Ritter y el compositor y violista Theodor Uhlig
ascendieron al alto Säntis, en la sierra de Alpstein, alcanzando el glaciar en
su cota más alta, a 2.502 metros. Para Wagner fueron las rositas y para el
resto los cardos. A mitad de camino Ritter tuvo la ocurrencia de mirar arriba
y se quedó paralizado ante la imagen del trecho casi vertical que les
separaba de la cumbre.
281
Preparado por Patricio Barros