Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 280
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
moral. Toscanini tenía muy claro que la vida ya no valdría gran cosa si se
aniquilaban los principios, así que se jugó la primera haciendo valer los
segundos cuando Mussolini visitó Milán para celebrar el día del Imperio
Fascista en la época que el maestro estrenaba Turandot en La Scala, en
concreto el 25 de abril de 1926, dos años después de la muerte de Puccini. El
dictador fue invitado al teatro y aceptó, si bien con la condición de que antes
de la función se ejecutara el himno fascista. Toscanini se negó en redondo y
Mussolini expresó su ira al cuadrado. Al final ganó la geometría del músico y
la butaca quedó vacía. Lo que siguió vacío por obra y gracia del Espíritu
Santo fue la tumba de la pianista Maria Yudina tras uno de sus refinados
enfrentamientos con Stalin. Hay una anécdota que refleja a la perfección
quién era la una y quién el otro. Sabido es que el dictador acumuló en sus
últimos años no pocos comportamientos paranoicos, pasándose días enteros
encerrado en sus dachas, en estricta soledad, recortando fotografías de
periódicos y colgándolas en las paredes. Contaba Shostakovich a su biógrafo
Volkov como también escuchaba muchísimo la radio en aquella voluntaria
reclusión. Cierto día se topó con el Concierto para piano nº 23 de Mozart y le
gustó sobremanera, así que llamó al Comité de la Radio y exigió el envío del
disco. Sin embargo… ¡horror! En Rusia aquel concierto aún estaba sin grabar
en vinilo. El Comité llamó de inmediato a la Yudina, a un director y a una
orquesta y se grabó aquella misma noche con un tercer director tras fracasar
la intervención de los dos primeros, incapaces de dirigir nada por el terror
que les inspiraba una crítica adversa del dictador. Un tiempo después la
pianista recibió de Stalin un sobre con veinte mil francos que ella se apresuró
a agradecer con una carta suicida: «Le agradezco, Iósif Vissariónovich, su
ayuda. Rezaré por usted día y noche y pediré al Señor que le perdone sus
grandes pecados contra el pueblo y el país. El Señor es misericordioso y le
perdonará. En cuanto al dinero lo he donado a la iglesia a la que asisto». La
información proviene de la fuente más fiable, ya que se lo contó la propia
Yudina a Shostakovich y este a Volkov. Los lugartenientes de Stalin le
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Preparado por Patricio Barros