Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 263

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron fondos, y no había espectador que no se doblegase ya a sus palabras iniciales: «Damas y caballeros, debo hablarles sobre un país que no es el de ustedes en un idioma que no es el mío». Llegado a Estados Unidos en abril de 1915 decidió pasar allí el cepillo durante los años que duró la guerra, hasta noviembre de 1918, y su idioma salió tan fortalecido como su imagen: pronunció alrededor de trescientos cuarenta discursos, con sus conciertos correspondientes. En uno programado en Chicago llegó a recaudar 43.000 dólares para el comité del partido polaco. Incluso cuando regresó a los escenarios con sesenta y un años por falta de dinero (esta vez para subvenir sus necesidades propias) se le hizo patente aquella indomable bestia de su generosidad y en los diez años siguientes ofreció numerosos conciertos de beneficencia: en 1924 actuó para la reina de Bélgica recabando fondos para la caridad; en 1925 en Inglaterra recaudó cuatro mil libras para la Earl Haig’s British Legion Apple; en Italia actuó para los Orfani di Guerra; en estados Unidos recaudó 28.600 dólares para la American Legion Fund; en 1928 volvió a hacer una gira por Estados Unidos para las víctimas de la guerra y en 1933 aún concedía un recital de beneficencia para el mariscal Foch en el salón de los espejos de Versalles. En 1936 concluyó otra gira americana actuando ante dieciséis mil personas en el Madison Square Garden y haciéndose con un botín de 37.000 dólares que puso en manos de los músicos americanos desocupados. Al año siguiente ofreció un concierto en el Royal Albert Hall de Londres, recaudando cuatro mil dólares que destinó a los músicos ingleses. Habían pasado cuarenta y cinco años desde que en su segunda gira por Estados Unidos en 1892 culminara sus conciertos con uno de despedida en el Metropolitan Opera en el que su recaudación de cuatro mil dólares fue destinada por voluntad propia a la construcción del arco de triunfo de Washington. Se lo podía permitir, teniendo en cuenta que en aquellos meses se había embolsado 96.000 dólares, «una fortuna increíble para un pianista, incluso muy superior a las legendarias ganancias de [Anton] Rubinstein», según cuenta Adam Zamoyski en su biografía sobre 263 Preparado por Patricio Barros