Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 247

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron para un joven ruso de treinta y cuatro años dedicado a algo tan mal pagado como era la enseñanza de piano en un centro público: cien mil rublos. Con ese dinero el buen samaritano (casado, con dos hijos pequeños y pocos recursos) se dedicó a comprar flotadores para todos aquellos que veía con el agua al cuello por el barrio. Cuando recibió la carta nº 38 de petición de ayuda anunció apesadumbrado a sus alumnos del conservatorio: «Lo siento, el dinero se ha acabado». Quien nunca tuvo esta frase en la boca fue Giuseppe Verdi. Al final de su vida acumuló tal fortuna que aquella presión rompía todas las costuras de sus principios y sólo halló alivio en el altruismo, así es que cuando dejó de componer música se dedicó a recomponer personas. Un colectivo al que siempre mimó fue el de los compositores jubilados y sin recursos. Para ellos construyó una casa de reposo de dos plantas en Milán con capacidad para albergar a un centenar de personas de forma permanente. Para obtener la liquidez necesaria al inicio de las obras ejecutó una pequeña parte de sus acciones bursátiles, orden que le reportó cuatrocientas mil liras. Dice mucho del personaje que él mismo denominara aquella casa como «la mejor de mis óperas». Si bien la obra se culminó tras su muerte, dejó encargado en su testamento que aquella magna ópera fuera servida por todas las demás: para el sostenimiento de la institución la nombró beneficiaria del rendimiento de todas sus óperas, así como de la mitad de su fortuna, mitad de la que, por cierto, participó un hospital de doce camas que había inaugurado en 1887 en Villanova, cerca de su villa de Sant’ Agata, ubicada en Busseto. Con la otra mitad solucionó ampliamente la vida a María, su hija adoptiva. No era frecuente entre músicos que el amor al prójimo se pusiera por encima del amor propio. Aquello resultaba un incesto peculiar y anodino que sin embargo algunos practicaron sin tapujos. A Herr Direktor le ocurría lo que a Shostakovich: que no sólo tenía oído absoluto para los instrumentos, sino también para las almas que desafinaban. En ese caso ya no se acercaba al músico para romper la batuta contra el atril, sino para llevarle a un aparte y 247 Preparado por Patricio Barros