Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 234

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron sus Carmina, un abandono injusto para aquella obra cuyos derechos de autor le permitió al matrimonio Orff adquirir un terreno en la francesa Etretat y construirse una pequeña mansión a la que llamarían Villa Orfeo, donde pasaron todos los veranos desde 1861 hasta un infausto día en que la gobernanta entró en el salón anunciando con aplomo que la casa se estaba quemando. Los Orff eran gente positiva y se rieron en un principio, pero cuando el humo les hizo entrar en razón recordaron que se habían dejado una vela encendida dentro de un armario y de inmediato se produjo un totum revolutum en el que la cabeza debía estar fría para establecer velozmente una lista de prioridades. El dueño lo tenía claro. Lo primero que hizo fue sacar el piano al jardín por la ventana, pero al llegar abajo se rompieron las patas y las cuerdas. De manera que, así como los cartujos comen con una calavera presencial en el refectorio para no olvidar un solo momento la fragilidad de la vida, Orff se quedó de recuerdo con el tronco superviviente hasta el fin de sus días. El fuego también le costó lo suyo a Muzio Clementi, que además de pianista y compositor era fabricante de pianos. Cuando se incendió su fábrica en 1807 se quedó sin teclados a donde llevar las manos, así que se las llevó a la cabeza y ahí las dejó por largo tiempo cuando calculó sus pérdidas: cuarenta mil libras. Joseph Haydn vivía con la tranquilidad de tener suscrita una cobertura de riesgos con una aseguradora llamada «Príncipe de Esterhazy», quien por dos veces le reconstruyó la casa en las dos ocasiones que fue pasto de las llamas, entre las cuales se perdieron algunas óperas y otras composiciones de las que no había dejado copia. Fuego fue también lo que Debussy sufrió un día en casa, pero bastante peor del que habitualmente solía encender para prender sus cigarros, porque en aquel caso lo llameante era su esposa Gaby; en tal estado se la encontró mientras blandía una carta de amor extraconyugal que había encontrado por azar en la chaqueta del autor de Fuegos de artificio, si bien la escena que le montó no tuvo seguramente nada de artificiosa. Corría febrero de 1897 (34 años) cuando se compadecía por carta a su amigo Pierre 234 Preparado por Patricio Barros