Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 218

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron A Prokófiev le encantaba conducir, aunque lo hacía mucho mejor desde el podio de dirección. Puccini también sufrió las consecuencias de la carretera al poco de hacerse con las marchas de su Clement Bayard, aunque en aquella ocasión condujera su chófer, Guido Barsuglia. No sólo sus dos hijos que iban con él, Giacomo y Tonio, sino también una mujer muy especial llamada Butterfly a punto estuvieron de quedarse huérfanos a mitad del segundo acto en la noche del 23 de febrero de 1903. Lo más aconsejable hubiera sido quedarse en Lucca, pero la obsesión por seguir vistiendo a su japonesa mandaba, así que puso rumbo a su hogar de Torre del Lago. Fue recorridos unos kilómetros cuando a Guido le derrapó el coche en el asfalto congelado y este se precipitó desde una altura de cuatro metros y medio. Puccini salvó su vida milagrosamente al quedar atrapado bajo el coche, evitando el aplastamiento gracias al tronco de un árbol caído que había actuado de apoyo y por cuya intercesión tuvimos a Butterfly, La fanciulla del West, La rondine, Il trittico y Turandot. El precio secuelar fue una grave fractura de fémur y una moderada cojera, pero antes ocho tediosos meses de convalecencia durante los cuales se le prohibió añadir un solo palo a la sombrilla de su personaje. En carta a su editor Ricordi de agosto de 1903 se lamentaba más por ella que por él: «Me queda solamente la preocupación por la pequeña señorita japonesa». Durante los años de la Primera Guerra Mundial el director de orquesta Wilhelm Furtwängler dejó apartado por un tiempo su confeso amor por Wagner y empleó tiempo y amor para sacarse el carné de conducir, aunque también un montón de dinero para adquirir un Daimler-Benz. No pudo haberlo bautizado de peor forma. Lo hizo como se suelen bautizar los barcos: con un buen golpe, aunque a Furtwängler se le olvidó la botella de champán en casa. Deseoso de exhibir la novedad a Richard Strauss, se ofreció a llevarle tras un ensayo en la Ópera del Estado de Berlín al Hotel Adlon, donde el compositor se alojaba. Pero antes de llegar, Strauss se encontró 218 Preparado por Patricio Barros