Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 202
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
directores con temperamentos más cargados que el tambor de un revólver
siempre se piensa en el mago Toscanini, pero la tradición armamentística
viene en realidad de mucho más lejos. Gluck, nacido en 1714 y padre de la
ópera tal como hoy día se la conoce, como buen padre montaba en cólera
cuando alguna hija se le descarriaba en manos de las orquestas, exigiendo a
los músicos tocar cada pasaje numerosas veces y explotando cada vez que
no se conseguía el resultado apetecido. El crítico Harold Schönberg lo llama
el «Toscanini de su tiempo». En las memorias de Christoph von Mannlich,
pintor de la corte de París, que asistió a algún ensayo de Gluck, puede leerse
este testimonio:
Caminaba como un loco de un lado para otro. Ahora los que
fallaban eran los violines, después los instrumentos de viento
no lograban expresar debidamente las ideas del compositor.
Dirigía y de pronto se interrumpía y cantaba la parte en
cuestión con la expresión debida, pero entonces, después de
dirigir un rato, volvía a interrumpir a los músicos y gritaba con
toda la fuerza de sus pulmones: «¡Esto no vale un cuerno!».
Giuseppe Verdi sólo adquirió una serenidad sostenida cuando llegó a la
ancianidad. Era la edad propicia para la cura de la soberbia, pero también de
la eterna tensión por buscar la combinación musical perfecta, y es que el
drama del creador era que la criatura sonase tal como lo había hecho en su
fase prenatal, mientras se mecía en el líquido amniótico, y para eso había
que optar por uno de los cuatro humores hipocráticos, por el de siempre, por
el menos complaciente. Emanuele Munzio, secretario y amigo de Verdi, nos
describe uno de los ensayos en La Scala para el estreno de I lombardi, en
1845 (29 años):
Fui a los ensayos con el señor maestro y me hizo sufrir verle
fatigarse
de
aquel
modo.
Gritaba
como
si
estuviera
desesperado, daba tantos golpes en el suelo con los pies que
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Preparado por Patricio Barros