Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 199
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
comentario en un palco de platea que le disgustó sobremanera, tanto que el
tenor abandonó de inmediato el escenario, salió al pasillo y echó abajo la
puerta con un golpe de hombro. A aquel espectador le acompañó la fortuna
en dos aspectos: uno, el director de escena se hallaba por allí cerca para
salir en su auxilio; dos, aquel día no se representaba Don Carlo… Peor lo
tenían los tres hijos de la fogosa pianista venezolana Teresa Carreño, casada
dos veces, primero con un violinista y después con un barítono. Tras un
concierto le dijo a Claudio Arrau en el camerino: «Oh, con todos los niños
que tenemos resulta muy difícil practicar. Tengo una pistola cargada sobre el
piano. He amenazado a todos mis hijos: si abren la puerta, disparo». Me
consta que todos llegaron felizmente a la adultez, aunque no sé si por
instinto de conservación o por rapidez de reflejos… A la esposa de Vaslav
Nijinski la salvó esto último, y al bailarín la paciencia de santa que aquella
siempre tuvo hacia él, sobre todo a partir de los primeros brotes de una
esquizofrenia que terminó por arrojarle al manicomio durante unos años. Un
día que Rómola le fue a llevar el desayuno a la habitación Vaslav la tiró al
suelo de un fuerte golpe, junto con la bandeja y toda la vajilla; cómo ella se
pusiera a recogerlo todo flemáticamente él se exasperó y le arrojó una silla,
y después, cual discóbolo, la meseta de mármol de la mesilla de noche;
como esto tampoco surtió el efecto deseado, fuera cual fuere, terminó por
saltar sobre su esposa, la rodeó con sus brazos y empezó a zarandearla. De
repente se sosegó, la desasió y volvió tranquilamente a la cama pidiendo el
desayuno.
Hans von Bülow no tenía reparos en morder la mano que le alimentaba para
así dejar la marca y distinguir entre quien ponía el dinero y quien ponía el
talento. En 1875 (45 años) fue contratado por la firma de pianos Chikering
para dar una gira por los Estados Unidos promocionando el instrumento. A
pesar de la notoria suma que se le pagó, había una cosa, por lo demás
bastante insospechada, que Von Bülow no soportaba ver impresa en el
piano; no, no eran rayonazos en el bastidor, ni pegotes de sudor sobre las
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Preparado por Patricio Barros