Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 197

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron por «el Júpiter de nuestro Olimpo» y sintiendo arder brasas en el estómago cuando alguna formación orquestal alteraba por poco que fuera la literalidad de su música. Cuenta en su Autobiografía cómo durante los ensayos de Ifigenia en Táuride el director añadió unos címbalos de su cosecha en el primer aire de danza de los escitas, cuando Gluck sólo había empleado instrumentos de cuerdas, advirtiendo también en el gran recitativo de Orestes del tercer acto que la parte de los trombones no había sido ejecutada. Berlioz tuvo la flema suficiente para guardar silencio y confiar que en el concierto aquellas dos afrentas se corrigiesen. No fue así, de manera que se levantó de la butaca tras la primera licencia y gritó: «¡No hay címbalo ahí! ¿Quién se permite corregir a Gluck?». El mismo juicio fatídico arrojó en el tercer acto, gritando a la desesperada: «¡No sonaron los trombones! ¡Esto es insoportable!». Berlioz había venido al mundo no sólo como comadrona para dar a luz obras inmortales, sino como albacea llamado a proteger la inmortalidad de las ya creadas por otros, en eterno peligro bajo batutas inconsecuentes que alteraban a capricho las partituras sin antes picar en las tapas de los ataúdes para pedir el debido permiso a sus autores. Esta reacción me trae a la cabeza la de un siempre comedido y pacífico Charles Ives, que sin embargo apretaba los puños hasta sangrar cuando el público despreciaba el estreno de la obra de algún colega. Cuando el 10 de enero de 1931 (64 años) se ofreció en el Town Hall de Nueva York un concierto con obras propias y ajenas hubo un espectador que manifestó sonoramente su indisposición hacia Men and mountains, de Carl Ruggles (Massachusets, 1876). Ives, que estaba allí cerca, cortó por lo sano aquella bajeza con no poca altura de miras: «¡Deje de comportarse como un estúpido maricón! ¿No puede soportar una hermosa música fuerte como esta y usar sus oídos como un hombre?». 197 Preparado por Patricio Barros