Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 143

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron fijan demasiado en mi exterior y por tanto mi timidez se hace más perceptible. Ese baile de San Vito de los directores subidos a un podio siempre ha sido más frecuente de lo que se piensa. Se entendería en el caso de Toscanini o de Karajan, que dirigían de memoria, pero en el caso de los demás, con el edificante auxilio de la partitura soplando cada compás, sería algo más difícil de hacerse perdonar. Sin embargo esos retortijones son una cruda realidad de los que, sin embargo, bien se resarcen no pocos directores teniendo en cuenta que muchos de ellos no se suben al podio por menos de cincuenta mil euros… ¡por función!, así que el desgaste visceral resulta compensado con creces. Quien por lo visto cuidaba mucho más sus vísceras que su economía era el legendario director Carlos Kleiber, cuyo pánico escénico era aún más legendario. Kleiber, aun desconociendo todos los trucos de los prestidigitadores, era un genio del escapismo: siempre tenía a mano un maletín de viaje por si en el último momento había que salir huyendo, y sus más correosos itinerarios fueron los del podio al cuarto de baño, no siempre con billete de vuelta. En cierta ocasión el nieto de Wagner, Wolfgang, ordenó su traslado de Múnich a Bayreuth en furgón policial (desconozco si además hubo de emplearse una camisa de fuerza) tras convencerle en el último momento para dirigir un Tristán previamente cancelado. En otra ocasión Kleiber dejó una nota a los miembros de la Filarmónica de Viena tras un desastroso ensayo de la Cuarta de Beethoven: «He tenido que hacer un viaje imprevisto». Más que dejar la nota lo que al parecer hizo fue darla. Al alemán Hans Knappertsbusch ya se le podía echar un galgo, incluso un furgón lleno de dinero, que cuando se ponía a correr en dirección contraria no había quien lo alcanzara. Aborrecía los ensayos de puro aburridos que eran, aunque, eso sí, por cortesía hacia los músicos solía acudía a fichar; luego se subía al escenario y les decía: «Señores, ustedes conocen la pieza, yo conozco la pieza, así que nos vemos de nuevo esta tarde en la función». 143 Preparado por Patricio Barros