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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
pulmones en su pañuelo que los efectos del paso del tiempo en los espejos.
En sus Recuerdos, Fanny del Río, hija del director del colegio donde estaba
interno su sobrino Karl, dice que en las veladas Beethoven tosía sin parar
sobre su pañuelo mirándolo continuamente; «de este modo creí durante
mucho tiempo que temía encontrar sangre en él». Quien sí se miraba
permanentemente al espejo por pura estrategia y al margen de extravíos era
Manuel de Falla, sumamente atento a novedades dérmicas aciagas, hasta el
punto de dedicar hasta una media de cinco horas diarias al cuidado de su
salud, al menos allá por el año 1942, cuando se hallaba viviendo en
Argentina. Calculo que, por tanto, sus aprensiones nos han dejado sin un
treinta por ciento más de obra, y todo para morirse cuatro años después de
una angina de pecho y no de viejo. El caso es que sus angustias eran tan
antiguas como sus dientes de leche. De niño ya había sufrido una epidemia
de cólera viviendo en San Fernando, de la que escapó milagrosamente, pero
ese trauma le dictó de por vida la necesidad de hervir el agua para así
mantener a raya a los gérmenes, sin duda sus peores enemigos junto con los
ruidos y las corrientes de aire, desatendiendo otros mucho menos peligrosos
como sus lesiones bronquiales y óseas. En 1939 aún le faltaban siete años
para gozar al fin de una estancia sin puertas ni ventanas, pero el deterioro
ya era evidente; carta desde Buenos Aires: «Hoy trabajé diez minutos
intensamente; mañana espero llegar a los quince». Junto a aquellos potrillos
de rodeo que eran huesos y bronquios estaban sus verdaderos caballos de
batalla: la humedad y las corrientes de aire. Corría el año 1933 cuando se
hallaba en Mallorca para el estreno en la Cartuja de Valldemosa de su Balada
de Mallorca para coro y orquesta, basada precisamente en la Balada nº 2 de
Chopin. Llegó el esperado 21 de mayo y, al parecer, todos allí, incluso los
músicos, estaban libres de peligro, pero no el compositor, quien adujo que
las corrientes de aire en el corredor eran tan amenazadoras que decidió
encerrarse en una celda durante todo el concierto, comprometiéndose, eso
sí, a salir a dirigir al coro sólo si el tiempo mejoraba. El caso es que no
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Preparado por Patricio Barros