Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 112

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Emanuel y Wilhelm Friedemann), como lo había dispuesto él, hasta que se dormía. Con J. Christian era con el que se dormía más fácilmente, a no ser que el enfado lo mantuviera despierto». Richard Strauss sin embargo amaba la tonalidad en re bemol mayor. Refiriéndose a su ópera Danae como la última que pensaba componer comentaba a Clemens Krauss respecto a la escena final: «¿No es este re bemol mayor el mejor broche para cerrar la obra teatral de toda mi vida? ¡Uno no puede terminar su vida más que con un testamento!». A su decir, dicho tono representaba lo triunfal y lo sublime, razón por la cual ya lo había utilizado en el trío final de El caballero de la rosa. Pero es que la exacerbación de aquellas facultades podía dar lugar a verdaderas alucinaciones auditivas. Sería un tópico decir que, así como los impresionistas del género pictórico se afanaban por localizar el color adecuado en función de la posición del sol, los músicos soñaban con hallar la célula melódica adecuada, que en algunos casos se quedaba en una sola nota, en dos a lo sumo, notas que sonaban obsesivamente en sus cerebros como tañidos monótonos de una campana. En el caso de Wagner su monótona gotera fue un mi bemol mayor que le martirizó después de una travesía en barco de vapor desde Génova a Spezia, proceso agravado por una disentería causada, según él, por una profusa ingesta de helados. Al llegar a destino buscó un albergue para entregarse a un sueño reparador, pero lejos de ello, según nos cuenta en su Autobiografía, «este no apareció; en cambio me sumí en una especie de estado sonámbulo en el cual recibí de repente la sensación como si me hundiera en un agua que corriera rápidamente. El murmullo de la misma se me representó pronto con el sonido musical del acorde de mi bemol mayor, que ondulaba continuamente formando olas figurativas; estas olas se manifestaban como figuraciones melódicas de un movimiento en aumento, pero nunca se modificaba el acorde perfecto de mi bemol mayor». Wagner era un genio, con o sin opiáceos sobre la mesita de noche, así que aquello debía de tener un 112 Preparado por Patricio Barros