Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 111
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Schopenhauer la máxima era «no proferirás el nombre de Kant en vano»,
para Brahms era «amarás la unidad tonal sobre todas las cosas». Él lo hacía,
incluso por encima de Clara. Con el músico lo recomendable era ponerse de
acuerdo antes de compartir mantel con él, mucho más si uno tenía la
desgracia de tocarle a su lado. Brahms inauguró lo que podríamos llamar
oído viperino. En una cena de sociedad se le colocaron a izquierda y derecha
dos mujeres que a su gusto hablaban más de la cuenta. Pasado un rato uno
de los invitados percibió la indignación pintada en su rostro y le preguntó
tras la cena qué era lo que tan a todas luces le había incomodado. La
respuesta del misógino Brahms fue perfectamente comprensible: «¿Cómo no
iba a sentirme molesto? ¡La dama de mi derecha hablaba en mi mayor y la
de mi izquierda en mi menor!». Al maniático Verdi le ocurría exactamente lo
mismo. En una entrada del Diario de su esposa Giuseppina Strepponi de 4 de
enero de 1868 (contaba Verdi con 55 años) está escrito: «A Verdi le irrita el
tono de voz de las personas, tanto si es muy bajo como si es muy alto, así
que ¡siempre me pregunto cuál será el ambiente en el que pueda sentirse a
gusto!». Si es que hay acordes o tonalidades que claman al cielo… Por
ejemplo, el acorde de cuarta y sexta, tal como los lectores ya habrán
adivinado. Johann Christian Bach, hijo de J. S., podía escupir en el suelo de
casa, llegar de la cantina un poco bebido, faltar a misa algún domingo…
Vamos, que todo le era perdonado. O casi todo. Hay una noticia recogida por
C. F. D. Schubart en su Deutsche Chronik (Ulm, 16 de enero de 1775),
detallando cómo le contó Johann Christian que: «En cierta ocasión estaba yo
improvisando de forma meramente mecánica al teclado y terminé con un
acorde de cuarta y sexta; mi padre estaba en la cama y yo creí que dormía.
Sin embargo se levantó, y tras darme una bofetada resolvió el acorde». Se
ve que la cólera de los dioses no sólo era patrimonio de Aguirre. Esa crónica
se halla en patológica consonancia con otra de C. F. Cramer, en Menschliches
Leben (Kiel, 26 de octubre de 1793): «Cuando por la noche (J. S. Bach) se
iba a la cama tocaban los tres hijos por turnos (Johann Christian, Carl Philipp
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Preparado por Patricio Barros