Ligera, versátil y cargada de nutrientes, esta hortaliza de temporada es una gran aliada para llegar fuerte al invierno.
Cuando llega el otoño, la calabaza llena mercados, cocinas y hasta la entrada de las casas. Pero detrás de su papel decorativo se esconde un alimento con gran densidad nutricional y un aporte calórico bajo, ideal para una dieta variada y equilibrada.
El secreto está en su color
Su tono anaranjado se debe a los betacarotenos, pigmentos con poder antioxidante que el cuerpo transforma en vitamina A. Este nutriente es esencial para la visión, sobre todo la nocturna, y para mantener una piel sana y mucosas fuertes, la primera barrera frente a las infecciones. Además, ayudan a proteger las células del daño oxidativo, asociado con enfermedades crónicas.
Fibra y minerales que cuidan el corazón
La calabaza es rica en fibra, que regula el tránsito intestinal, genera saciedad y contribuye al control de la glucosa y el colesterol. También aporta potasio, clave para el equilibrio de líquidos y el buen funcionamiento de músculos y corazón, y que ayuda a contrarrestar el exceso de sodio, algo valioso para quienes tienen hipertensión. A ello se suma el magnesio, que participa
HealthExperts. OCTUbre 2026 45