Un tesoro nutricional
Las brasicáceas no solo destacan por su versatilidad culinaria, sino por su impresionante valor nutricional. Esta familia agrupa más de 3,000 especies ricas en vitaminas C, E y K, además de minerales, fibra, folatos y antioxidantes. Los glucosinolatos, compuestos azufrados responsables de su característico aroma, son precisamente los que aportan beneficios extraordinarios: reducen el crecimiento de células cancerosas, protegen el corazón, favorecen la salud digestiva y aportan mínimas calorías.
El secreto de su dulzura invernal
Durante el invierno, estas verduras desarrollan un mayor porcentaje de azúcares naturales como mecanismo de protección contra el frío. Esta característica las convierte en las más dulces del año, ofreciendo texturas turgentes y sabores complejos que van desde lo terroso hasta toques ligeramente amargos que se suavizan con la cocción adecuada.
Técnicas para eliminar el mal olor
El rechazo que muchas personas sienten hacia estas verduras suele originarse en malas experiencias culinarias. El secreto está en la preparación: nunca hervirlas en agua, ya que esto intensifica los olores desagradables. Las opciones ideales incluyen asarlas, cocinarlas al vapor, saltearlas, fermentarlas o incluso consumirlas crudas en ensaladas.
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