Health Experts Magazine Abril 2026 | Page 26

zada para poder funcionar en el mundo, y desmantelarla requiere tiempo. Muchas veces el cuerpo se convierte en el enemigo: cuando aparece ansiedad, enfermedades autoinmunes o trastornos gastrointestinales, tendemos a ver el cuerpo como algo que nos traiciona. Pero es todo lo contrario: el cuerpo está enviando señales cada vez más estridentes porque necesita ser atendido. El modelo médico convencional, orientado a suprimir síntomas, refuerza ese estado de lucha con el cuerpo, cuando los síntomas son, en realidad, un indicador que señala algo más profundo que requiere nuestra atención.
A nivel clínico, una de las formas más accesibles de medir el estado del sistema nervioso es la variabilidad de la frecuencia cardíaca, que refleja la flexibilidad del sistema nervioso autónomo y su capacidad de adaptación frente al estrés. Una alta variabilidad indica que los intervalos entre latidos no son todos iguales, lo que muestra una buena capacidad de adaptación: me estreso ante un problema, pero en media hora lo resuelvo y vuelvo al equilibrio. Cuando esa variabilidad es baja, el estrés puede prolongarse durante días.
Sin embargo, en la consulta somática no siempre medimos este biomarcador de forma sistemática. Utilizamos escalas para evaluar la percepción de amenaza y la regulación emocional, y observamos estados funcionales: cómo duerme la persona, cuánta tolerancia al estrés tiene, qué capacidad de poner límites, cómo es su relación con el cuerpo. Son señales fisiológicas muy elocuentes. Y luego está el vínculo, que es el neuromodulador más poderoso de nuestra salud. Nuestras relaciones humanas son la variable más importante no solo para la salud mental, sino también para la física. Con personas que tienen un trauma profundo, cultivar un vínculo de seguridad genuina entre terapeuta y consultante es la puerta de entrada a cualquier proceso de sanación. Sin ese vínculo, el paciente seguirá empleando con nosotros los mismos mecanismos de defensa que usa con el mundo: las personas con trauma somos muy hábiles para sobrevivir, y aprendemos a decirle al terapeuta lo que quiere escuchar para no tener que profundizar, porque no nos sentimos seguros. El clínico que no sabe leer el cuerpo no podrá detectar si esa persona realmente se siente a salvo en ese espacio o si está evitando ir más lejos.
Health Experts( HE): ¿ Cómo determina clínicamente cuándo un paciente está preparado para el trabajo somático profundo versus cuándo necesita primero estabilización?
Dr. Marco Ratti: La pregunta clínica no es si la persona quiere ir a niveles profundos, sino si su sistema puede tolerarlo sin desestabilizarse más. Muchas personas llevan años sufriendo y eso genera un deseo urgente de resolver, pero aquí menos es más. La cultura de la sanación occidental nos ha hecho creer que cuanto más intenso sea el proceso, más profundo es el resultado; pero eso es, en gran medida, una ilusión que alimenta un mercado de sanación sin fin. En realidad, lo que queremos observar es cuánta estabilidad autonómica tiene el sistema nervioso y cuánta se necesita para el tipo de trabajo que esa persona requiere.
Usamos intervenciones de la menor intensidad posible: dosificamos la respiración, trabajamos la orientación visual, nos apoyamos en los cinco sentidos, entrenamos la capacidad de sostener la atención durante períodos prolongados. Esto le permite al consultante ir descubriendo cuánta disponibilidad interna tiene realmente y, a veces, se da cuenta de que es mejor comenzar por algo pequeño antes de acercarse al trauma central. Cuando hay trauma, la profundidad sin estabilidad no es tratamiento: es retraumatización. Primero construimos el contenedor, los recursos, la estabilización, y desde ahí nos acercamos a las experiencias difíciles para poder procesarlas.
Health Experts( HE): Dado que integra prácticas contemplativas con 18 años de experiencia monástica y neurociencia contemporánea, ¿ qué hallazgos de su maestría le sorprendieron más al validar— o contradecir— prácticas ancestrales que había experimentado empíricamente durante años?
Dr. Marco Ratti: Creo que una de las cosas que más me sorprendió fue descubrir que no se necesitan miles de horas de meditación, como se recomienda en algunas tradiciones contemplativas que provienen de contextos muy distintos al nuestro. Lo verdaderamente revelador es saber que tres o cuatro minutos de contacto auténtico con uno mismo ya producen un beneficio significativo. No hace falta meditar tres horas cada mañana, como hice durante quince años.
Y la otra gran revelación tiene que ver con el vínculo. Muchas de estas prácticas contemplativas están concebidas para realizarse en solitario, o bien dentro de una comunidad monástica que les da sostén. Hoy hemos extrapolado esas prácticas sin su contexto comunitario, y creo que eso las perjudica seriamente. Mucha gente medita sola, hace yoga sola, sin una comunidad que la respalde, y a veces esas prácticas se desvirtúan: se convierten en una forma de huir del contacto con los demás, o en una convicción de que el amor propio individual lo es todo y no se necesita a nadie más. Pero los seres humanos necesitamos vínculos. Al descontextualizar esas prácticas de su dimensión comunitaria, corremos el riesgo de hacerlas contraproducentes.
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