Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Page 394
Las nuevas autoridades tomaban la justicia en sus propias manos y ejecutaban
venganzas, como un modo de resolver viejas contiendas con sus oponentes o sus
enemigos locales. Los grupos subversivos ejecutaban a las personas sin más trá-
mite que el consenso poblacional o, en algunos casos, sólo por su decisión autori-
taria e ideológica. A los enemigos se les prejuzgaba y sentenciaba de antemano y
a los amigos se los aceptaba bajo algún grado de sospecha. Los miembros del
MRTA, al parecer, no llegaron a practicar la «justicia popular» y, aunque en algu-
nos casos se llevaban, por ejemplo, a policías a una plaza para amedrentarlos y
ganar cierta confianza de la población, los resultados nunca les fueron beneficio-
sos. El hecho mismo de amedrentar y humillar a los representantes de la localidad
provocaba rechazo y miedo, y las acciones justicieras no garantizaban necesa-
riamente que la población diera su apoyo al grupo subversivo.
Con el «juicio popular», muchas instancias y procedimientos, naturalmente
de largo aliento, desaparecieron para dar paso a una guillotina política que servía
para descabezar no sólo a los representantes de la población, sino para infundir
miedo y terror entre la población. A tal punto que «en ese tiempo ya no existían
autoridades, el Sendero se apoderaba de hacer la justicia en toda forma, ellos
hacían la justicia a su manera, como les parecía mejor a ellos, por eso mataban sin
piedad». 64
También el ingreso violento de los militares tuvo repercusiones sobre la es-
tructura legítima de poder de las comunidades. El abuso de los miembros de las
fuerzas del orden se expresaba en detenciones arbitrarias y en las torturas infligi-
das a los pobladores. La agresión atentaba contra la concepción cultural de las
poblaciones reduciéndolas a la calidad de inferiores. La «recuperación del orden»
no era diferente a la práctica de la conquista de zonas liberadas. En ambos casos,
el poder, en lugar de construir una institución que garantizara la continuidad,
deshacía las relaciones que generaba la organización social. Probablemente, los
acuerdos tácitos de «castigar a los familiares» de los grupos subversivos, habrían
llevado a los militares a realizar ejecuciones extrajudiciales.
El año de 89 me capturaron en la plaza San Martín y nuevamente me llevaron a
la DINCOTE, acusándome de terrorista, durante 14 días. Los dos primeros días
estuve colgado de pie para que confesara de actos que no cometí nunca. Pero después
de 14 días obtuve mi libertad y sufrí de una represión de violencia extrema del Estado
y es posiblemente en esas condiciones muchos de los que están hoy carcelados
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CVR. Testimonio 202479. Ayacucho.
CVR. BDI-I-P415. Taller de género con varones realizado en Huamanga (Ayacucho), 23 de octubre de
2002.
Mi esposo era autoridad, era presidente; «los caminantes» un día que había ido a
la chacra lo han reclutado, lo tuvieron preso un día, «me tienen que apoyar» a la
fuerza le ha obligado para que apoye, después estuvo apoyando. Así cuando
estaba apareció denunciado, cuando ya estaba denunciado ya no salíamos, nos
quedábamos en el monte con mis hijos, ahí hemos dormido asustándonos. 63
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y, en ocasiones, a los militares. En su defecto, debían realizar acciones para obligar
a la población a cumplir jornadas de trabajo u otras actividades.