Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Page 393
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para buscar sospechosos —acusando indiscriminadamente a los pobladores en
muchos casos— y para recomponer o imponer un orden.
La imposición de alguna autoridad en una localidad producía desconcierto y
desequilibrio en la organización existente, pero también confusión y anarquía.
Desconcierto y desequilibrio en la medida en que los verdaderos representantes
eran eliminados física y simbólicamente para ser sustituidos por otros; este cam-
bio no reflejaba la voluntad de la población. Asimismo, se generaba confusión y
anarquía en la medida en que la desaparición de las autoridades daba paso al
descontrol en la comunidad; con ello, además, disminuían los sentimientos de
seguridad e identidad de la población. «Bueno en ese tiempo acá no había autori-
dades, las autoridades eran los dirigentes del Partido [...]. Ellos eran los que im-
ponían acá, pero autoridad de parte que represente al Gobierno, no había acá». 61
Los espacios de diálogo y decisión, como las reuniones de la comunidad y las
asambleas, se habían convertido en espacios peligrosos. De hecho, en no pocas
ocasiones los agresores aprovechaban que la población se encontraba reunida
para capturar, acusar y ejecutar a las autoridades locales. Muchos testimonios
dan cuenta de los ataques a los que se vieron expuestos los pobladores sin tener
capacidad de respuesta. Ante tal desprotección, los afanes de sobrevivencia indi-
vidual o familiar estaban por encima de todo. «Cada uno se escapaba, con su
propia vida, en grupos o individualmente». La desconfianza había calado hondo
en la población, considerando al vecino como sospechoso o enemigo.
Abuso de poder y usurpación de funciones
Una vez que los grupos alzados en armas habían tornado posesión de los espa-
cios, eliminaban a los representantes legítimos en clara señal de abuso de poder y
usurpación de funciones. Difundían el criterio de que la palabra del Partido no de-
bía ser cuestionada y que sus mandatos debían cumplirse sin dilaciones; de este
modo, los grupos subversivos establecían roles ejecutivos, legislativos y judicia-
les al mismo tiempo. Si alguien discrepaba o se oponía, podía ser eliminado sin
contemplaciones.
En muchas comunidades o poblaciones, las autoridades habían sido sustituidas
nominalmente por otras que estaban al mando de los grupos alzados en armas o de
los miembros del Ejército: «No había autoridades y los que gobernaban eran los
terroristas, hasta que llegaron los militares y ellos nombraron a la gente así por así,
al gobernador, al subprefecto, etcétera». 62 Autoridades y dirigentes, por miedo a
ser asesinados, renunciaban a ocupar cargos o a participar en determinadas activi-
dades dentro de la comunidad. De este modo, se iba destruyendo sistemáticamente
el orden interno y las normas de comportamiento social y político.
Los dirigentes eran sometidos y obligados a realizar un conjunto de servicios
en beneficio del grupo que así lo ordenaba. Dependiendo de las zonas, los dirigen-
tes o autoridades debían pagar cupos —pagos obligatorios— a los subversivos
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CVR. BDI-I-P284. Entrevista a autoridad del caserío Primavera (provincia de Leoncio Prado, Huánuco)
en mayo de 2002.
CVR. BDI-I-P321. Entrevista a pastora de 70 años, Sancos (Ayacucho), marzo de 2002.