Hatun Hillakuy 2008-Hatun Willakuy. Versión abreviada del Informe | Page 393

380 para buscar sospechosos —acusando indiscriminadamente a los pobladores en muchos casos— y para recomponer o imponer un orden. La imposición de alguna autoridad en una localidad producía desconcierto y desequilibrio en la organización existente, pero también confusión y anarquía. Desconcierto y desequilibrio en la medida en que los verdaderos representantes eran eliminados física y simbólicamente para ser sustituidos por otros; este cam- bio no reflejaba la voluntad de la población. Asimismo, se generaba confusión y anarquía en la medida en que la desaparición de las autoridades daba paso al descontrol en la comunidad; con ello, además, disminuían los sentimientos de seguridad e identidad de la población. «Bueno en ese tiempo acá no había autori- dades, las autoridades eran los dirigentes del Partido [...]. Ellos eran los que im- ponían acá, pero autoridad de parte que represente al Gobierno, no había acá». 61 Los espacios de diálogo y decisión, como las reuniones de la comunidad y las asambleas, se habían convertido en espacios peligrosos. De hecho, en no pocas ocasiones los agresores aprovechaban que la población se encontraba reunida para capturar, acusar y ejecutar a las autoridades locales. Muchos testimonios dan cuenta de los ataques a los que se vieron expuestos los pobladores sin tener capacidad de respuesta. Ante tal desprotección, los afanes de sobrevivencia indi- vidual o familiar estaban por encima de todo. «Cada uno se escapaba, con su propia vida, en grupos o individualmente». La desconfianza había calado hondo en la población, considerando al vecino como sospechoso o enemigo. Abuso de poder y usurpación de funciones Una vez que los grupos alzados en armas habían tornado posesión de los espa- cios, eliminaban a los representantes legítimos en clara señal de abuso de poder y usurpación de funciones. Difundían el criterio de que la palabra del Partido no de- bía ser cuestionada y que sus mandatos debían cumplirse sin dilaciones; de este modo, los grupos subversivos establecían roles ejecutivos, legislativos y judicia- les al mismo tiempo. Si alguien discrepaba o se oponía, podía ser eliminado sin contemplaciones. En muchas comunidades o poblaciones, las autoridades habían sido sustituidas nominalmente por otras que estaban al mando de los grupos alzados en armas o de los miembros del Ejército: «No había autoridades y los que gobernaban eran los terroristas, hasta que llegaron los militares y ellos nombraron a la gente así por así, al gobernador, al subprefecto, etcétera». 62 Autoridades y dirigentes, por miedo a ser asesinados, renunciaban a ocupar cargos o a participar en determinadas activi- dades dentro de la comunidad. De este modo, se iba destruyendo sistemáticamente el orden interno y las normas de comportamiento social y político. Los dirigentes eran sometidos y obligados a realizar un conjunto de servicios en beneficio del grupo que así lo ordenaba. Dependiendo de las zonas, los dirigen- tes o autoridades debían pagar cupos —pagos obligatorios— a los subversivos 61 62 CVR. BDI-I-P284. Entrevista a autoridad del caserío Primavera (provincia de Leoncio Prado, Huánuco) en mayo de 2002. CVR. BDI-I-P321. Entrevista a pastora de 70 años, Sancos (Ayacucho), marzo de 2002.