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mundo. Entonces el hombre se irguió para ver mejor a su alrededor y vio por primera vez que la figura sentada frente a las lámparas de luz ámbar era
Amintas, su muchachito, su amor… Cayo le extendió una mano para tocarlo pero de inmediato vio
sus manos y cuerpo completamente bañando en
sangre. Estaba en el suelo encima de una pila de
cadáveres frescos de todo tipo. Hombres, mujeres
y niños, pero en especial chicos y chicas jóvenes,
aparentes esclavos que había topado con la ira
de su señor o señora y ahora dormitaban el sueño
perpetuo del Hades. Pero no eran solo cuerpos
dispuestos al azar. El Erastés vio como la mayoría
estaban destripados y sus vísceras, principalmente
los intestinos, colgaban de ganchos y pasaban por
encimas de salientes en las paredes para conformar la extensa red de pescadores que había visto
antes. Siguió con la vista este entramado de carne
humana y finalmente dio en nódulo del mismo, en
el centro de la tela de araña: todos los intestinos
salían o volvían al cuerpo de Amintas, sentado en el
centro como una estatua de piedra sobre un trono del mismo material. Las ropas rojas cubrían la
mayor parte del torso del chico, pero Cayo sabía
que si miraba dentro, encontraría que su muchacho
había sido limpiamente destripado, igual que las
demás sombras en este sótano de sangre.
Y de repente, un ruido desde arriba, desde el piso
superior. Cayo volteó la mirada hacia el techo de
e