58
“¡Mierda! ¿Ahora qué? ¿Se van a devolver?” Por unos segundos sentí un
miedo profundo, mucho más allá de esos que he vivido durante asaltos.
“¿Me van a golpear? ¿Me van a matar? ¿Hacia dónde corro? ¿Siquiera
puedo correr más?”
A estas alturas, difícilmente uno es nuevo a que le griten cosas, pero
nunca lo había sentido de la forma que lo hice esa tarde de domingo.
Domingo 12.
Nos pudo tocar.
Aún con camino por recorrer, sólo pude sentir más rabia y dolor. Por
las decenas de personas en Orlando, sólo 12 horas antes. Por las dos
centenares de personas LGBTI que han sido asesinadas en Honduras
desde 2009. Por las chicas trans a un par de kilómetros de distancia,
donde en el puro centro de San José les disparan balines y les tiran
piedras cada vez que hay -o no- partidos de fútbol. Por las lesbianas
que alrededor del mundo son sometidas a las llamadas “violaciones
correctivas”. Por las personas adolescentes que aún en pleno 2016 son
expulsadas de sus hogares al conocerse su orientación sexual o identidad de género, o que son víctimas de bullying.
Por las miles de personas que viven con temor por su vida, sólo por
ser quiénes son. No sólo por dos segundos de un horrible domingo, a
diferencia mía, sino todos los días. Todo el día.
Este 26 yo voy. Con tanto orgullo como siempre, pero con más determinación y convicción que nunca.