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HISTORIAS
PARA
SER
CONTADAS
Por Uriel Quesada
El activismo toma muchas formas. Una que
para mí es muy cercana es la preservación de
la historia de los movimientos LGBTQ, pues incluso en un país como Estados Unidos –donde vivo desde hace casi 20 años– hay grupos
cuya importancia no ha sido debidamente reconocida. Por esa razón, en el año 2009 me
uní a un proyecto de rescate de la historia
de los activistas LGBTQ de origen hispano.
Quienes tomaron el primer paso fueron dos
amigos muy queridos: el sociólogo puertorriqueño Salvador Vidal-Ortiz y la activista méxico-americana Letitia Gómez. El reto era buscar a los fundadores, aquellas personas que
entre finales de los años setenta y principios
del dos mil crearon organizaciones y dedicaron su vida a la visibilidad y a la defensa de los
derechos de los latinos LGBTQ.
El proyecto nos tomó casi seis años, pues implicó trabajar con un grupo de personas muy
diverso, que además estaban desperdigadas
por todo el país, incluyendo Puerto Rico. Nuestro método de trabajo se basó en historias de
vida (oral histories), y narrativas personales. Este
método correspondía a un propósito muy claro:
ayudar a cada uno de los activistas a contar su
propia historia, desde su punto de vista y a partir
de experiencias muy concretas: orígenes, momento en que se tiene conciencia de la orientación sexual, primeras experiencias de activismo,
activismo en las comunidades LGBTQ latinas y
legado. De más de treinta personas convocadas quedaron al final catorce, incluyendo una
mujer trans de Cuba, parte del grupo fundador