Cada nigiri de ventresca de jurel en mantequilla ghee de tuétano, alioli de togarashi y ajo confitado es una invitación a explorar la frontera entre lo clásico y lo contemporáneo. No solo es comida, es un espectáculo para los sentidos: los ostiones en tempura de ceniza, anguila y adobo, o el pipián con pesca, espuma de queso panela y costra de nuez castilla, reflejan una armonía perfecta entre innovación y respeto por la tradición. Y para cerrar con broche de oro, un pastel de helado de vainilla old fashioned con pan campechana y cajeta especiada en cazuela de barro deja claro que en Occio cada bocado tiene historia. Cada visita a Occio es un viaje sensorial, donde la cocina se convierte en arte y cada platillo cuenta la riqueza cultural y gastronómica de Rosarito.
Casa de la Langosta
Hablar de Rosarito es hablar de la langosta
estilo Puerto Nuevo, un platillo que trascendió fronteras y hoy es un ícono mundial. Servida con arroz rojo, frijoles con manteca, tortillas de harina sobaqueras y mantequilla derretida, la experiencia es tan sencilla como memorable. El ritual es parte de su encanto: colocar la carne en la tortilla, añadir arroz, frijoles, salsa, cerrar como burrito … y sumergir en mantequilla en cada bocado. Un lujo rústico que en 2021 enamoró incluso a Mel Gibson, cuando visitó este restaurante.
Ya sea un desayuno artesanal en Mr. Bisquet, una experiencia de autor en Occio o la tradición viva de Casa de la Langosta, Rosarito es un festín para los sentidos. Cada restaurante revela una faceta distinta de la región: lo artesanal, lo innovador y lo histórico, en un viaje que todo amante de la buena mesa debe vivir al menos una vez en la vida.
GOALS MAGAZINE 09