Antes que nada, una aclaración. No vamos a empezar a pensar y actuar como computadoras ni robots por reforzar esta habilidad. ¡Nada de eso!
De hecho, nuestro día a día nos obliga a pensar de ese modo. ¿Por qué? Porque continuamente estamos tomando decisiones, eligiendo un método u otro para resolver alguna situación que se nos presenta, lograr hacer algo o alcanzar una meta.
Imaginen que se acerca el cumpleaños de alguno de sus seres querido ¿Primera idea que se nos viene a la cabeza? Así es, la torta. Lamentablemente, con sólo pensar en ella no vamos a conseguir que aparezca sobre la mesa (aún no desarrollamos esa habilidad) pero sí podemos ingeniárnosla para conseguirla. Opciones? Varias y de todo tipo: la compramos, la hacemos nosotros mismos, le pedimos a alguien que la haga por nosotros.
Cada una de esas opciones nos va a llevar al resultado deseado: tener la torta lista para el cumpleañero. Pero (siempre hay un pero), no todas ellas implican el mismo esfuerzo ni los mismos pasos y debemos evaluar qué recursos tenemos disponibles para elegir el modo más conveniente para lograr
nuestro objetivo.
Después de haber hecho la elección pertinente, tenemos que pensar en los pasos
a seguir para poner nuestro plan en marcha:: ¿Qué hacemos primero? ¿Y después?. Si optaron por hacerla Uds. mismos, seguramente precisaran una receta que les indiquen los pasos a seguir. Las recetas, los instructivos y los modernos tutoriales son un ejemplo de pensamiento computacional porque nos ayudan a resolver problemas desglosándolos en pasos más pequeños y fáciles de seguir.
A modo de atención, les dejamos una excelente opción para agasajar a los suyos de la mano de la genial Doña Petrona C. de Gandulfo (pueden saber más de ella haciendo click aquí)