LECTURAS COMPLEMENTARIAS
3. A la pauta específica de los sonidos que se producen. Es decir, identifica los sonidos
primero como palabras, no como silbidos, y luego como palabras alemanas. Estas
se ordenan así dentro de un cierto esquema, en el cual constituyen signos con
significados definidos. Este ordenamiento dentro del esquema de un lenguaje particular
puede ocurrir incluso sin conocimiento de las palabras, siempre que el oyente tenga
algún criterio definido en su mente. Si yo estoy realizando un viaje por un país
extranjero, sé cuando dos personas hablan entre sí, y sé también que están hablando
la lengua del país en cuestión, sin tener la más mínima idea del tema de su
conversación.
Al hacer cualquiera de estas inferencias me limito a interpretar mis propias vivencias, y
esto no implica nada respecto a una vivencia en particular de cualquiera de las personas
que observo.
El observador "comprende" por añadidura:
4. La palabra como el signo de su propio significado verbal. Aun entonces se limita a
interpretar sus propias vivencias coordinando el signo con un sistema de signos y un
esquema interpretativo previamente vivenciado, por ejemplo, la lengua alemana. Como
resultado de su conocimiento de esa lengua, el observador vincula con la palabra
Tisch la idea de un determinado mueble, que él puede representar con una precisión
aproximada. No interesa en absoluto si la palabra ha sido proferida por otra persona,
un fonógrafo, o aun por un papagayo. Ni interesa si la palabra es hablada o escrita, o
en este último caso si está escrita con letras de madera o de hierro.26 No importa
cuándo y dónde se la profiere o en qué contexto. Por lo tanto, en la medida en que el
observador prescinde de todas las cuestiones respecto a por qué y cómo se
utiliza la palabra en el momento de la observación, su interpretación sigue siendo
autointerpretación. Le interesa el significado de la palabra, no el significado de quien
usa la palabra. Cuando identificamos estas interpretaciones como autointerpretaciones,
no debemos descuidar el hecho de que todo conocimiento previo de la otra persona
pertenece a la configuración total de experiencias del intérprete, que es el contexto
desde cuyo punto de vista se hace la interpretación.
26
Cf. Husserl, Logische Untersuchungen (3a ed.), lI, 2, 89.
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