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Juan Muñoz Martín
Fray Perico y su borrico
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Aprendiz de fraile
Desde el primer día fray Perico quiso ser un buen fraile y se puso a hacer lo que
hacían los demás. ¿Rezaban con las manos juntas? Rezaba él con las manos
juntas. ¿Sacaban el rosario? A sacar el rosario. ¿Se rascaba uno una oreja? Fray
Perico se rascaba una oreja. ¿Estornudaba fray Olegario? Fray Perico
estornudaba. ¿Guiñaba los ojos fray Ezequiel? Él también los guiñaba. El padre
superior le regañaba por estas tonterías pero no se podía con él.
En la mesa observó que el abad, para hacer penitencia, tiraba la comida
debajo de la mesa, y fray Perico la tiraba también. El gato de los frailes estaba
gordísimo.
Una noche, estando todos los frailes roncando a pierna suelta, sonaron unos
gritos:
-¡Me muero, me muero!
Todos los frailes, aterrados, saltaron de sus lechos y el padre superior
preguntó;
-¿Quién se muere?
-¡Fray Perico!
-¿De qué te mueres?
-De hambre -contestó muy colorado.
El padre abad mandó a Fray Pirulero poner la mesa y dijo:
-¡Ea, vamos todos a cenar! Yo también tengo hambre.
Comieron todos a media noche, y el gato se despertó y comió también.
Como fray Perico no sabía hacer nada, los frailes le dieron una escoba. El
frailecillo la tomó y empezó a barrer el convento de arriba abajo. Barría sin
serrín y levantaba un polvo que a veces no se veía a los frailes por el pasillo.
Fray Olegario, el bibliotecario, que tenía asma, tosía y tosía, y los frailes temían
que se partiese por la mitad.
-¡Echa serrín, fray Perico, echa serrín!
Fray Perico echaba serrín por todos los sitios: por las paredes, por las sillas,
por el techo, por las camas, por los platos... ¡No se podía con él!
-Vete a la cocina y ayuda a fray Pirulero.
Lo primero que hizo fray Perico al llegar a la cocina fue tropezarse con un
barreño y caer de cabeza en el cubo de freg ar el suelo. Fray Pirulero le regañó y
le puso a pelar patatas. Aquel día había judías con patatas.
-Ten cuidado con las judías.
Fray Perico, pela que te pela patatas, contaba cuentos al gato, que, mientras
tanto, se comía las sardinas de una fuente. Las judías empezaron a quedarse sin
agua... sin agua... sin agua. Los frailes, que estudiaban, alargaron la nariz... la
nariz... la nariz y dijeron:
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