FRAY PERICO Y SU BORRICO FrayPericoYSuBorrico | Página 32
Juan Muñoz Martín
Fray Perico y su borrico
El tío Zanahorio salió de la posada en calzones alumbrándose con un candil,
e invitó a todos a beber gratis en su taberna.
El usurero subió luego a su casa, abrió su baúl y repartió el dinero robado a
cada uno; distribuyó también la ropa y otros objetos a sus dueños.
-Esta chaqueta es del tío Carapatata.
-Estas botas, de Aurelio, el Pistolas.
-Esta sartén, de la Castaña, la tuerta.
-Estos pantalones, del señor Zanahorio.
Luego tomó el jamón y el anillo y dijo: -Toma, fray Perico, mi jamón por
haberme aguantado. Y este anillo se lo devuelves a San Francisco de mi parte. Y
le dices que iré a darle las gracias por lo que ha hecho por mí.
En esto bajaron los frailes presurosos al oír la campana y el jaleo, y se
enteraron de pe a pa de todo lo ocurrido en el pueblo con fray Perico y el
usurero. Y muy apenados por el mal que le habían hecho, se acercaron a él:
-Perdónanos, hermano. Hemos sido unos alcornoques sin pizca de caridad.
Fray Perico, muy humilde, se estaba comiendo su jamón en un rinconcillo, y
los abrazó diciendo:
-¿Sabéis una cosa? Ya tenemos un nuevo fraile en el convento. Lo tengo atado
ahí abajo.
Los frailes se rascaron la coronilla:
-¿Quién será y por qué lo tendrá atado?
Fray Perico corrió a la calle, subió al borrico por las escaleras y dijo:
-Aquí está. Se llama fray Calcetín.
-¡Ah! ¡Pero si es el borriquillo!
Los frailes rieron de buena gana, abrazaron a su nuevo hermano y pidieron
muchas veces perdón a fray Perico por lo del burro. Luego subieron muy
contentos al monasterio, y todos se pegaban por ir montados en el burro.
-Debo montar yo, que para algo soy el superior.
-No, no. Yo, que so-soy tar-tar-tar-ta-ta-mu-mu-do.
-No, no. Yo, que para algo soy el organista.
-No, no. Yo, que para algo soy el cocinero.
Y mientras discutían, fray Olegario se subió en el burro diciendo:
-Monto yo, que para algo tengo más de cien años.
A todos les pareció lo más justo, pero en medio del camino dijeron:
-¿Y si se cansa el burro?
-Es verdad. Me bajaré -dijo fray Olegario.
Entonces fray Sisebuto, el herrero, que doblaba una barra de hierro con los
dientes y levantaba piedras de cien kilos, tomó al burro en brazos y lo subió al
convento.
-¿Pesa mucho? -le decían.
-¡Que va! Podría llevar media docena más.
Así que llegaron, los frailes entraron en la iglesia a rezar y vieron a San
Francisco con una cara de guardia que asustaba. Humildicos y pesarosos
rezaron con la cabeza gacha.
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