FRAY PERICO Y SU BORRICO FrayPericoYSuBorrico | Page 25

Juan Muñoz Martín Fray Perico y su borrico 11 · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ¡Fantasmas en el convento! Los frailes, ¡qué serios entraron en el comedor aquella mañana! Yo creo que estaban pesarosos por lo del borrico. En esto entró fray Perico, y los frailes, que comían, hacían así con las cucharas: pom, pom, pom, pom, pom, para acallar al gusanillo de la conciencia. Pero el gusanillo hacía ris, ris, ris, ris, ris... Cuando fray Perico dio las treinta monedas a fray Nicanor, las lentejas se les atragantaron. Y un olor suave, como a nardos y rosas, invadió el comedor; tanto que algunos frailes se marearon. -¡Qué bien huelen las lentejas! -decían. -No son las lentejas -dijo el cocinero. -Entonces, ¿qué será? -Las monedas que ha traído fray Perico. Fray Perico se sentó, pero no probó sus lentejas. Cuando los frailes se marcharon a la iglesia, tomó el plato y salió corriendo al pajar. El borrico le miró con alegría, y el fraile le dio las lentejas. Luego, despacito, lo sacó del pajar. Vio que fray Baldomero no estaba en la puerta y lo metió en el convento. -¿Dónde lo esconderé? -Empezó a dar vueltas por los pasillos hasta que pensó: «Lo meteré en mi cama». Por la noche, cuando todos los frailes dormían, el burro empezó a rebuznar y a dar coces. Tiró el palanganero y una silla. -¡Cállate, que nos van a oír! Fray Perico, a toda prisa, puso una sábana sobre el borrico y lo sacó de la celda. Los frailes sacaron la cabeza despacito y se metieron debajo de la cama, con los pelos de punta. Al día siguiente, fray Simplón dijo asustado: -¡Yo he visto un fantasma esta noche! -¡Y nosotros también! ¡Qué miedo! Los frailes bajaron todos juntos las escaleras agarrados de la mano y cantando para quitarse el miedo. A media mañana, fray Olegario se puso a escribir en la biblioteca. El burro asomó la cabeza por detrás de un armario, y el pobre fraile tiró la pluma y la silla y salió gritando. Fray Perico sacó el burro a toda prisa y lo fue a esconder en la carbonera. Fray Pirulero fue a llamar a los frailes a comer. El borrico salió de su encierro y se comió toda la berza que había en los platos. -¿Dónde está la comida? -dijeron los frailes. -Hace un momento la puse aquí -dijo el cocinero. -¿Y si han sido los fantasmas? -preguntó fray Simplón. -¡Los fantasmas no existen! -zanjó el superior. -Pues en mi pueblo, una noche, dieron una paliza al alguacil. -¿Es posible? -dijo fray Ezequiel. -Y en el mío tocaban las campanas -añadió fray Pirulero. LIBROS LIBRES LIBROS LIBRES LIBROS LIBRES LIBROS LIBRES LIBROS LIBRES LIBROS LIBRES - 25 -