FRAY PERICO Y SU BORRICO FrayPericoYSuBorrico | Page 21

Juan Muñoz Martín Fray Perico y su borrico -¿Quién es? -Soy yo, fray Perico. ¡Abre, abre pronto! Tris, tras, tris... Abrió fray Baldomero los cerrojos. -Pasa, pasa, fray Perico. Hace frío. -Es que no vengo solo. Traigo, traigo... un amigo. -Pues que pase. Cena tendrá y cama en esta casa. Y fray Perico tiraba de un cordel y el amigo no quería entrar. -Ayúdame, tira, fray Baldomero. -Tendrá mucha vergüenza tu amigo. ¡Pobrecillo! Después de mucho tirar, el borrico entró y fray Baldomero se quedó con la boca abierta: -¡Pero si es un burro! Luego, como un loco, salió corriendo a avisar a los demás frailes: -¡Fray Perico ha traído un burroooo! ¡Un burroooo! ¡Qué carreras por los pasillos! ¡Qué abrir y cerrar de puertas! ¡Qué tropel de frailes! ¡Qué risas! Fray Olegario, el bibliotecario, el viejecito del bastón, tropezó, y dos, tres, cinco, ocho frailes cayeron por el suelo rodando escaleras abajo. -¡Un burro! ¡Un burro! -gritaban. Los frailes, muy contentos, empezaron a estudiar el burro. Unos le miraban la dentadura; otros le miraban por las orejas, por si estaba hueco; otros le contaban las patas. Al verlo tan viejo, tan feo, tan sin dientes y tan enfermo, le preguntaron a fray Perico: -¿Quién te lo ha regalado? -Lo he comprado a los gitanos. -¿A los gitanos? ¡Ave María Purísima! ¿Por cuánto? -Por los treinta reales de la miel. -¡Te han engañado! ¡Con la falta que hacía el dinero en el convento! Los frailes, muy enfadados, mandaron a fray Perico a buscar a los gitanos para devolverles el burro. Luego cerraron la puerta y dijeron: -¡Aquí no vuelvas sin el dinero! El burro, al sentir cerrarse la puerta detrás de sí, comenzó a llorar. Fray Perico le secó los ojos con su pañuelo y lo consoló: -No llores, hombre, yo no te abandonaré. - 21 -