FRAY PERICO Y SU BORRICO FrayPericoYSuBorrico | Page 20

Juan Muñoz Martín Fray Perico y su borrico 9 · · · · · · · · · · · · · · · · · · · Los gitanos Caía la tarde; a un lado del camino había una tribu de gitanos que estaban pintando, con hollín de la chimenea, un burro flaco y desteñido. Como le faltaban muchos dientes, tapaban los huecos con cera; le arreglaron las patas y las orejas como sólo lo saben hacer los gitanos. Al ver a fray Perico con aquella cara de bueno que tenía, quisieron engañarle y pusieron un cartel sobre los lomos del asno. Fray Perico vio el cartel y preguntó a los gitanos: -¿Qué pone en ese cartel? -Que se vende un burro barato con albarda; razón aquí. -¿Y rebuzna? -Pues claro, cuando tiene hambre. -¿Y da coces? -Claro que da coces. -¿Le falta algún diente? -Ni uno, nunca fue al dentista. -¿Y es joven? -Sólo hay que ver el pelo tan lustroso que tiene. -¿Y anda? -Vaya que si anda; pruébelo. Fray Perico se montó en el burro; los gitanos le pincharon con un alfiler y el burro empezó a trotar con mucha fuerza; pero el fraile dijo: ¡sooo!, y el burro se paró, obediente. -Lo compro. ¿Cuánto vale? -Treinta reales. -Ahí están. Los gitanos los contaron y luego se despidieron del burro con muchos abrazos: -Adiós, Calcetín; hasta siempre. -Adiós, hermanos gitanos -gritó fray Perico. Fray Perico cargó las alforjas y se montó sobre el burro. Tracatá, tracatá, tracatá, el burro salió trotando. Tracatá, tracatá, tracatá, el fraile iba tan contento. En esto comenzó a llover. Gruesos goterones caían sobre el burro y sobre fray Perico. El fraile notaba que el burro se desteñía y tomaba un color muy feo. Poco después dejó de trotar y se derrumbó como una pared vieja. Fray Perico le puso el termómetro y éste marcó cuarenta de fiebre. «Está grave», pensó fray Perico, preocupado. Le descargó la alforja y le ayudó a caminar. Subieron la cuesta y llegaron trabajosamente al convento. ¡Pom, pom, pom! - 20 -