Por Kevin Ahern
Luego de llevar casi 50 años perteneciendo al MIEC, no es fácil pensar en solo
un momento o evento que exponga mis sentimientos más profundos por la
misión y el carisma del MIEC (y de ICMICA). Mi compromiso en el movimiento comenzó en 1998 por medio del NCSC, movimiento del MIEC en los
Estados Unidos, y del equipo de las Naciones Unidas en Nueva York donde
trabaje con Ed Kirchner, quien fuera presidente del MIEC en 1939. Ed tenía
información sobre los miembros fundadores del movimiento, incluyendo al
Padre Joseph Gremaud. Con Ed, aprendí mucho.
Cuando el actual equipo internacional del MIEC me invitó a escribir, muchas
imágenes vinieron a mi mente. En el pasado, como miembro del equipo internacional tuve el honor de participar activamente en varias actividades interesantes. Con el histórico FUCI, movimiento del MIEC en Italia, estuve al lado
del cuerpo sin vida del Papa Juan Pablo II cuando se encontraba en la Basílica
de San Pedro. También tuve la oportunidad de participar en varias reuniones
muy importantes de: las Naciones Unidas, el Banco Mundial, UNESCO, y del
Vaticano en las cuales fui la voz que expresaba las preocupaciones del MIEC y
del ICMICA.
Mientras realizaba estas interesantes actividades, mis experiencias más poderosas han sido los momentos de acompañamiento cuando realmente “partí y compartí el pan” con los estudiantes. Al igual que los discípulos del camino de
Emaus (Lucas 24, 13-35) esas experiencias de compartir la comida con los
estudiantes revelaron a Cristo y el real significado del MIEC para mí.
Recuerdo muy claramente la visita junto al presidente de ACTS, movimiento
del MIEC en Sudáfrica, a la Universidad de Limpopo, donde recibí una cálida
bienvenida de su comunidad de estudiantes. Fui conmovido profundamente
por su generosidad y hospitalidad, a pesar de sus pocos recursos para compartir, entre ellos la comida. Cristo estuvo presente.
Cristo también se hizo presente en una visita a la casa de una de los líderes de
BCSCM, movimiento del MIEC en Bangladesh, en la localidad de Khulna.
Fui conmovido por la fe cristiana de su familia y su inmensa generosidad
hacia mí. De igual forma, Cristo estuvo presente en toda la gran cantidad de
comidas que compartí con estudiantes en otros lugares del mundo desde Hong
Kong hasta Jerusalem.
Del mismo modo, mis visitas al Medio Orient) tuvieron un fuerte impacto en
mí. En medio de esta gran dificultad, los estudiantes católicos, muchos de
ellos descendientes de los primeros cristianos, han sido testigos de la misión
del MIEC por medio de los temas que le conciernen tales como la acción social, espiritualidad, reflexión y paz. En el año 2006, nosotros organizamos una
visita de estudio para los jóvenes refugiados iraquíes en la región. Nuevamente, en las humildes casas de los refugiados conocí la generosidad al compartir
la comida. En esos momentos, Cristo era encontrado donde nosotros podíamos compartir entorno a una mesa mientras nuestros gobiernos estaban en
guerra.
MIEC es un movimiento muy especial en el que participan estudiantes de diferentes culturas y contextos. Los miembros de MIEC ayudan a entregar a Cristo al mundo mediante su generosidad y acciones en pro de la justicia. Sin embargo, esto puede ser realmente un desafío, tengo fe que con
nuestra cooperación, ¡el Espíritu Santo seguirá guiando el movimiento por otros 90 años!
MIEC Pax Romana | Boletín– Edición Especial | 2012-2013
www.imcs-miec.org
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