Preparatoria
Filosofía
ante él. Heidegger se rebeló desafiantemente contra esta
preeminencia del yo. Estaba convencido de que con ella la
Filosofía había equivocado su rumbo, que su misión no consistía
en investigar los poderes humanos para el conocimiento, sino en
comprender el Ser. La pregunta central de la Filosofía, por encima
de cualquier otra, tendría que ser: ¿qué es el Ser?
En consecuencia, Heidegger asumió
como propio el proyecto de regresar
a la Filosofía al camino correcto, del
que consideraba se había desviado a
partir de Descartes.
El problema de decir que el yo es la
única cosa de la que no podemos
dudar que existe, y que todo lo
demás sólo existe si aparece en el yo,
es que se pasa por alto que ese yo no
existe en una forma pura, “en el
aire”, sino siempre inserto en un
tiempo, un espacio y, sobre todo, una cultura particulares. En
otras palabras, ¿cómo podría ser el yo el terreno sobre el que
existirían todas las cosas, si él mismo a su vez siempre está
“parado”, por decirlo así, en un lugar, un momento y una
comunidad humana determinados?
A Heidegger le parecía que a causa de la primacía de esta
mentalidad, la cultura moderna, en que la técnica y la industria
son lo más importante (de hecho, por mucho tiempo se ha dicho
que una sociedad moderna es una sociedad “industrializada”), se
enfrenta no sólo al problema, ante el que cada vez somos más
sensibles, de la destrucción de la naturaleza, sino que además
priva al ser humano de un verdadero contacto con el Ser.
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