Preparatoria
Filosofía
realidad del sueño o la alucinación? ¿Y si todo lo que percibo no
fuera más que una ilusión, un sueño? Y como esa fue su pregunta,
el sentido de su obra filosófica consistió en encontrar un
fundamento, un piso firme, podría decirse, en el cual plantar la
realidad. Y ese piso firme no podría ser otra cosa más que algo de
lo que fuera imposible dudar; es decir, algo cuya realidad no
podríamos poner en duda aunque quisiéramos. En consecuencia,
Descartes aplicó un método muy directo: dudar de todo, hasta
encontrar eso de lo que no podía dudar. Como sabemos,
Descartes encontró el suelo firme que buscaba en su propio yo:
pues al dudar, de lo único que no puedo dudar es de que dudo.
Ahora, esa duda, no es otra cosa que un pensamiento, así que es
prueba de la existencia de éste. Muy bien, hasta ahora Descartes
ha demostrado que el pensamiento existe. Sólo le falta dar un paso
más, y es: si existe pensamiento tiene que existir alguien que
piense, es decir, un sujeto de la acción de pensar, un yo. De modo
sintético, el argumento de Descartes queda así: es innegable que
la duda existe; ahora, si existe la duda, ello implica necesariamente
que existe el pensamiento, y si existe el pensamiento, por fuerza
existe el yo. Así fue como nuestro filósofo llegó a su famosísima
conclusión: pienso, luego existo.
La capacidad del hombre de conocer con certeza y precisión el
mundo. Este punto está estrechamente asociado con el anterior.
A ese yo proclamado por Descartes como garantía de la realidad
de las cosas, también le fue atribuido un potencial casi infinito
para conocerlas. Como estas ideas coincidieron en el tiempo con
la época dorada de la ciencia, la realidad parecía corresponderse
con ellas: el ritmo impresionante del avance científico, al que el
mismo Descartes contribuyó significativamente, parecía
confirmar la fe que se tenía en la capacidad del hombre para
desentrañar los secretos de la naturaleza.
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