FAMA N°23 Marzo | страница 32

FAMA NOTA DE TAPA
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En un país donde el fútbol es sagrado, Óscar Tabárez tocó el cielo con las manos y ocupó un sitial destinado solo a los consagrados. Convertido en el personaje más respetado del Uruguay, con un estilo serio, reservado y formal que ya es una marca registrada, su método de trabajo fue puesto como ejemplo en todos los ámbitos y su capacidad motivadora lo convirtió en un gurú al que todo el mundo escucha con respeto.
En una sociedad exitista, los resultados estaban a la vista y nadie se atrevía a cuestionarlos. Llevó a Uruguay a convertirse en el segundo mejor equipo del mundo en el ranking de la FIFA, alcanzar el cuarto puesto en el Mundial de Sudáfrica y consagrarse campeón de la Copa América. ¿ Quién podía dudar de él?
Pero en el fútbol nada es para siempre. Pasó menos de un año y la historia cambió por completo. Pese a haber arrancado puntero e invicto las primeras fechas de las Eliminatorias, hoy atraviesa su peor momento en las siete temporadas que lleva al frente de la Selección. Su equipo, que supo ser orgullo nacional, se encuentra en picada en el sexto lugar de la tabla de posiciones y duramente cuestionado por una parte del ambiente del fútbol. Algo impensado poco tiempo atrás.
Aparecieron otra vez los detractores de un sistema que parecía inmaculado. Se piden cambios urgentes de nombres y de estilos, se pone en duda la vigencia de algunos jugadores históricos y se exige una renovación que el técnico parece poco convencido de realizar. Aferrado a su libreto, los antecedentes demuestran que Tabárez no modificará su proyecto de Selección y defenderá el trabajo que comenzó a desarrollar en 2006. Así lo hizo hasta ahora en todos los momentos difíciles que le tocó pasar al frente de la Selección nacional.
Ya enfrentó con éxito otras tempestades cuando se cuestionaba el recambio generacional que debió liderar años atrás para sentar las bases de la Selección que tantas satisfacciones dio al país. Hoy, cuatro años después, muchos de los jugadores que fueron puntales de su proyecto entran en la recta final de sus carreras y, otra vez, se exige un golpe de timón ante la adversidad de los resultados. El entrenador no cambiará el barco en medio del río, eso está claro, tampoco le sobran alternativas de recambio, ni grandes figuras para convocar. Pero sabe que tiene por delante desafíos con escaso margen de error. Quedar eliminados de Brasil 2014 y ver el mundial por televisión sin alentar a la Celeste sería un golpe muy duro de asumir para el pueblo uruguayo.
Tabárez se enfrenta al laberinto más complicado desde que está al frente de la Selección y con toda la presión de su lado. Una vez más pondrá a prueba su intuición y su habilidad para salir de los más duros atolladeros. El crédito sigue abierto.
BRASIL EN PELIGRO
La realidad se dio vuelta en menos de un año. Hasta la quinta fecha de las Eliminatorias, en junio de 2012, Uruguay estaba al tope de la tabla de posiciones. Las goleadas a Bolivia y a Chile, más el empate en Asunción en un partido que se ganaba hasta el último minuto de juego, marcaban un auspicioso camino que solo podía terminar en el Mundial de Brasil. Nadie pensaba lo contrario. Pero la derrota 4 a 0 frente a Colombia en la séptima fecha encendió la luz de alarma. El equipo mostró grietas en la defensa y escasa generación de juego. Después siguieron las caídas ante Argentina y Bolivia y comenzó la crisis.
Con solo cuatro triunfos en 11 juegos, seis partidos seguidos sin ganar y la enorme presión de haber obtenido solo 2 de los últimos 18 puntos, la Celeste quedó sexta en las posiciones y, por ahora, fuera de cualquier posibilidad de obtener algún cupo para el próximo mundial.
Como primer paso para salir de la crisis Tabárez eligió fijar un objetivo central: luchar con Venezuela por el quinto puesto. Esto le daría la posibilidad de repetir la historia de las Eliminatorias