Estudiantes UDES: nuestra razón de ser | Page 42

¡Ya viene don Jacinto, mija! Venga le chanto un beso en esa jetica, cuídese mucho usted y a los pelaos, recuerde darle de comer a los marranos y a las gallinas; recoger el maíz, usted ya sabe. Espero estar aquí el lunes con su encargo, ¡eso sí!, si le consigo las telas pa’ las camisas de los chinos.

Todavía falta una hora pa’ llegar a Bucaramanga, ¡ay! Cómo han cambiado las cosas desde que uno era un sute. Con el viejo, hace unos años atrás, durábamos todo el día bajo el sol quemándonos las costillas, hasta que no se vendiera la última bolsa de hormigas, eso hoy con la policía detrás de uno no se puede, quesque se está invadiendo el tal espacio público, por eso le quitan las cositas a uno; afortunadamente con este aparatico solo se llama a los clientes y ya, ellos llegan por su pedido. Espero terminar prontico pa’ ir donde el pelao, mi muchacho Jesús Alberto Camargo como su taita; el sute tiene 18 años y como no se fue a prestar servicio militar y tampoco quiso cuidar la parcela, pues se vino a la ciudad disque pa un futuro mejor. A estos surrones de ahora no les gusta la tierra, eso de trabajar bajo el sol disque “¡Apá, el sol quema mucho!, ¡Apá, estoy cansado!, Apá, Apá, y Apá...” Por eso, con la mujer dijimos: “que se vaya pa’ donde el compae Fidel, padrino del menor, y se ponga a estudiar”, claro está, toca con préstamo del gobierno, que la verdad no sé cuándo he de pagar, pero ¡Quién lo pensaría! Un Camargo hecho todo un Dotor!

Ya son casi las doce, lo sé porque las tripas me crujen y todavía misía Luz no pasa, la voy a llamar, espero que no se me coma muchos minuticos.

“¿Aló misía Luz, su persona va a venir por las hormigas? Están fresquitas ¿que no puede? ¿que vaya? y eso ¿dónde es su rancha?, espere la escribo”.

Ella me dice que es po aquí cerquita al lado, disque de la gorda de Botero, yo le dije: “sumercé y esa es la ¿señora de quién? ¡Ay don Jesús!”. Me contestó: es una estatua que está en el parque San Pío. “¿En el parque qué.. qué?” digo yo; es que aquí en la ciudad a cada árbol le ponen un nombre, que es en el edificio de la esquina, ella me dice que camine derechito. Ya voy llegando; señor vigilante vengo pal apartamento 603, en el sexto, donde misía Luz, él dice que siga, que me suba en esa caja gris que está enfrente de él y que espiche el botón, esto sí es tecnología, como dice el chino.

Timbro, doña Luz me abre, dice que siga, que la espere un momentico, pero ¿cómo entrar? Ese piso todo blanquito y brillantico parece un espejito, hasta uno se puede ver reflejado en él y ¡uno lleno de mugre! No porque uno no se bañe todas las mañanas a punta de totumadas, pero con el viaje cargando los costales al hombro, uno se empuerca. ¡Huuuy! Mire ese televisor de pared a pared delgaditico como un papel, ¡ja!, Igualitico al de la pieza de mi jinca, si lo viera mi costilla no lo creería, pero nada más volteo y en la cocina, sobre la estufa, hay como una coca encima… Estos ricos no saben qué inventar, me distraje mirando un arbolito chiquitico, el jediondo con unas mandarinitas pequeñitas ¿eso será de verdad? ¿será que me acerco y trato de coger una?

¡Y ahí sí jue! Yo que oigo un ruidajón. ¡¡¡Aaaayyy!!! Ahí jue el grito de doña Luz, yo solo siento como si me hubieran picado mil hormigas, pero los puros padrones, ¡los más grandes! Esos que con sus tenazas casi casi le arrancan a uno el pedazo; los sentí en lo más profundo del tripero, luego algo tibio que resbala por mi panza, siento que doy tumbos, me pego en la tusta y caigo al piso, me toco el costado y veo una mancha roja, como los tomates de la tierrita; no entiendo qué pasa, pienso en mis pelados, mi chino esperando a que su taita le lleve unos pesitos pa’ pagar la comilona. Mi vieja, la compañera fiel de tantas andanzas y mis hormigas, es como si ellas sintieran lo que está pasando e intentaran escapar de mi costal, lo abrazo fuerte fuerte, a lo lejos escucho una voz de un hombre que dice: “ Señora Luz yo pensé que era un ladrón… no lo quise matar”.