En estos tiempos existen personas que creen que un niño con síndrome de Down, un parapléjico, una persona con parálisis cerebral, un ciego, etc., son humanos menos normales y que no tienen los derechos que tenemos todos los que nos decimos normales; a esto se le llama Segregación social. En una familia, cuando nace un bebé con alguna discapacidad en algunos casos, la primera reacción es de rechazo, porque nadie esta reparado para una situación de este tipo; el sueño de toda pareja es tener hijos sanos, fuertes e inteligentes. Cuando sus perspectivas cambian se decepcionan y hasta horrorizan.
Ningún ser humano tiene la facultad para calificar una vida que Dios ha traído al mundo, como merecedora o no de vivir, nadie tiene el poder de decidir si otra persona es digna de vivir, sea quien sea o como sea. En lugar de eso, en lugar de rechazarlos, no debemos preocupar en hacer un mundo mejor para ellos, un futuro más fácil y prometedor. Si realmente todos cumpliéramos con el mandamiento de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, la vida de estas extraordinarias personas y de nuestra sociedad sería diferente.
Otras situaciones que vive nuestro país y el mundo entero y que atentan contra la dignidad humana y desmeritan la calidad de vida son: la pobreza, la corrupción, el hambre, la desnutrición, el alcoholismo, la falta de educación, la falta de vivienda, Autoritarismo, Falta de oportunidades, Clima de violencia, Inseguridad, Secuestros y otras condiciones que impiden el desarrollo personal y social.