por la actividad de la cocina abierta que permite ver al equipo preparar, emplatar y servir a los comensales sentados en una barra que rodea su área de trabajo.
El primer tiempo es un homenaje a la ensalada César – creada en Tijuana – con un tartar de atún aleta azul que se sirve sobre una hoja de lechuga; a partir de ese momento viene una sucesión de ostiones, almejas, abulón, cangrejo, codorniz, pescado y Wagyu local, preparados para combinar sabores y texturas gracias a la incorporación de chiles, salsas y preparaciones que, sobre todo, resaltan la frescura y la riqueza de esta región en la que se encuentran las montañas y el océano.
Pictograma Esta bodega – que forma parte del
complejo del hotel – está íntimamente ligada a la experiencia ofrecida a los visitantes. Su estructura circular integrada por arcos recuerda las vasijas de barro en las cuales se guardaba el vino en la antigüedad. Fue imaginada por el arquitecto Michel Rojkind y es el telón de fondo obligatorio de las fotos del recuerdo, sea en la sala de cata, las bodegas o las mesas al aire libre.
Más allá del elemento espacial, recorrerla ofrece la oportunidad de explorar las distintas expresiones de la uva Grenache en vinos espumosos, blancos, rosados y tintos que cuentan la historia del terroir y también permiten encontrar el favorito para cada paladar. La producción de la bodega es más bien pequeña y provee principalmente a los restaurantes del hotel y a los visitantes que quieran llevarse un par de botellas a casa.
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