Entre Melodias Edición Nº 2 (26/08/17) | Page 27

Si tuvieras que elegir un tema, ¿cuál elegirías y qué historia tiene detrás?

MB: Elegiría un tema nuevo que armé, es el último, y como todo último tema terminado estoy súper fan del resultado. Se llama, temporalmente, “gildemierda”, porque abrí la sesión de protools para hacerlo muy enojada con un gil de mierda que me quiere cagar la vida por capricho. El tema no es para nada agresivo, es muy elegante. Logré hacer lo que muchos te aconsejan y es imposible llevarlo a la práctica. Dejar que se apague el fuego del enojo y procesarlo hasta sacarle toda la belleza a tu favor. Logré una poesía poco puntual pero muy significativa para mí, metáforas hablando sobre el engaño de quienes dicen bancarte, pero que a la primera que pueden te arrancan un pedazo. Esa belleza, la del engaño y toda la novela.

En tu último material discográfico trataste a la sensualidad desde un lugar natural sin importar el género, ¿cómo fue trabajarlo según tus experiencias? ¿Qué tan difícil es para una mujer entrar en el mundo del rock?

MB: No me costó hablar como y de lo que hablé porque así hablo, me es natural. Realmente desconocía el machismo del ambiente hasta que saqué el disco. Sentía que otras cosas iban a llamar la atención, pero no, todo lo que era parte de mi género, de mi sexo, era lo controversial. Me dijeron puta muchísimo, en muchos mensajes privados, me hizo recordar el secundario, cuando me decían puta a mis espaldas por tener muchos amigos varones. Pero no recuerdo que nadie, tan indignados como decían estar, me haya dicho jamás puta en la cara. Ni antes ni ahora. Irónico. Aunque no me sorprende.

¿En qué crees que fuiste madurando musicalmente a lo largo del tiempo?

MB: PFFF. Me da vergüenza ver lo que hacía hace varios años. No me gusta ver para atrás, así.