ENSAYO SOBRE LA CEGUERA ensayo sobre la ceguera - grados decimos | Page 95
Ensayo Sobre La Ceguera
José Saramago
cierto que el cetro real lo empuña ahora él ciego contable, hay que decir que el rey, pese a
estar muerto, pese a estar enterrado en la propia sala, y mal, apenas a tres palmos del suelo,
sigue siendo recordado, al menos se nota por el hedor su fortísima presencia. Entretanto ha
nacido la luna. Por la puerta del zaguán que da a la cerca exterior entra una difusa claridad
que va creciendo poco a poco, los cuerpos que están en el suelo, muertos dos de ellos, los
otros aún vivos, van lentamente ganando volumen, dibujo, rasgos, facciones, todo el peso
de un horror sin nombre, entonces la mujer del médico comprendió que no tenía ningún
sentido, si es que lo había tenido alguna vez, seguir fingiendo que está ciega, está visto que
aquí nadie puede salvarse, la ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha
acabado la esperanza. Podía, pues, decir quiénes eran los muertos, éste es el dependiente de
farmacia, éste es aquel que dijo que los ciegos dispararían al buen tuntún, ambos tuvieron
razón en cierto modo, y si me preguntan cómo lo sé, la respuesta es sencilla, Veo. Algunos
de los congregados ya lo sabían y se habían callado, otros andaban desde hacía tiempo con
sospechas y ahora las veían confirmadas, inesperada fue la indiferencia de los restantes, y,
con todo, pensándolo mejor, tal vez no debamos sorprendernos, en otra ocasión el
descubrimiento habr