ENSAYO SOBRE LA CEGUERA ensayo sobre la ceguera - grados decimos | 页面 50
Ensayo Sobre La Ceguera
José Saramago
está mal del todo. Mientras no falte la comida, que sin ella no se puede vivir, es como estar
en un hotel. Al contrario, qué calvario sería estar ciego allá fuera, en la ciudad, sí, qué
calvario. Andar dando tumbos por las calles, huyendo todos de él, la familia aterrorizada,
con miedo de acercársele, amor de madre, amor de hijo, historias, quizá me hicieran lo
mismo que aquí, me encerraban en un cuarto y me ponían el plato a la puerta, como mucho
favor. Pensando fríamente en la situación, sin prejuicios ni resentimientos que siempre
oscurecen el raciocinio, es preciso reconocer que las autoridades tuvieron vista cuando
decidieron juntar ciegos con ciegos, cada oveja con su pareja, que es buena regla de
vecindad, como leprosos, no hay duda, aquel médico allá al fondo tiene razón cuando dice
que tenemos que organizarnos, la cuestión, realmente, es la organización, primero la
comida, después la organización, ambas son indispensables en la vida, elegir unas cuantas
personas disciplinadas y disciplinadoras para dirigir esto, establecer reglas consensuadas
de convivencia, cosas simples, barrer, ordenar y lavar, de eso no podemos quejarnos, que
hasta jabón nos mandaron, y detergentes, tener la cama hecha, lo fundamental es que no
nos perdamos el respeto a nosotros mismos, evitar conflictos con los militares que cumplen
con su deber vigilándonos, para muertos ya tenemos bastantes, preguntar quién conoce
aquí buenas historias para contarlas al caer la tarde, historias, fábulas, chistes, es igual, lo
que sea, imagínese la suerte que sería que alguien se supiera la Biblia de memoria,
repetiríamos todo, desde la creación del mundo, lo importante es que nos oigamos unos a
otros, qué pena que no haya una radio, la música fue siempre una gran distracción, y
oiríamos las noticias, por ejemplo, si encontraban remedio para nuestra enfermedad, la
alegría que iba a haber aquí.
Ocurrió entonces lo que tenía que ocurrir. Se oyeron tiros en la calle. Vienen a
matarnos, gritó alguien, Calma, dijo el médico, seamos lógicos, si quisieran matarnos
vendrían aquí dentro a disparar, no dispararían fuera. Tenía razón el médico, fue el sar-
gento quien dio orden de disparar al aire, no es que un soldado se hubiera quedado ciego de
repente cuando estaba con el dedo en el gatillo, se comprende que no hubiera otra manera
de encuadrar y mantener en orden a los ciegos que salían de los autobuses a empujones, el
ministerio de Sanidad había avisado ya al del Ejército, vamos a enviar unos autobuses de
ciegos, Cuántos ciegos en total, Unos doscientos, Y dónde vamos a meter a toda esa gente,
las salas destinadas a los ciegos son las tres del ala derecha, y según la información que
tenemos sólo caben ciento veinte, y ya hay sesenta o setenta, menos una docena que
tuvimos que matar, La cosa tiene remedio, que se ocupen todas las salas, Si lo hacemos, los
contagiados estarán en contacto directo con los ciegos, Lo más probable es que tarde o
temprano se queden ciegos también ésos, además, tal como está la cosa, supongo que
contagiados ya estamos todos, seguro que no queda nadie que no haya estado a la vista de
un ciego, Si un ciego no ve, pregunto yo, cómo puede transmitir el mal por la vista, Mi
general, ésa debe de ser la enfermedad más lógica del mundo, el ojo que está ciego
transmite la ceguera al ojo que ve, así de simple. Hay aquí un coronel que cree que la
solución más sencilla sería ir matando a los ciegos a medida que fueran quedándose sin
vista, Muertos en vez de ciegos, el cuadro no iba a cambiar mucho, Estar ciego no es estar
muerto, Sí, pero estar muerto sí es estar ciego, Bueno, el caso es que vais a mandarnos
unos doscientos, Sí, Y qué hacemos con los conductores de los autobuses, Los metéis
también ahí. Aquel mismo día, al caer la tarde, el ministerio del Ejército llamó de nuevo al
ministerio de Sanidad, Les voy a dar una noticia, aquel coronel de quien les hablaba hace
un rato, se ha quedado ciego, A ver qué piensa ahora de aquella idea suya, Ya lo ha
pensado, acaba de pegarse un tiro en la cabeza, Coherente actitud, sí señor, El ejército está
siempre dispuesto a dar ejemplo.
Se abrió el portón de par en par. Llevado por sus hábitos cuarteleros, el sargento
mandó formar en columnas de a cinco, pero los ciegos no conseguían atinar con la cuenta ,
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