ENSAYO SOBRE LA CEGUERA ensayo sobre la ceguera - grados decimos | Page 46

Ensayo Sobre La Ceguera José Saramago hombre me tocase, ahora él estaría vivo y yo no tendría en el cuerpo ni más ni menos que lo que tengo, No piense más en eso, descanse, intente dormir. La acompañó hasta la cama, Acuéstese, Es usted muy buena, dijo la muchacha, y luego, bajando la voz, No sé qué hacer, me va a venir la regla y no tengo compresas, Tranquila, tengo yo. Las manos de la chica de las gafas oscuras buscaron dónde asistirse, pero fue la mujer del médico quien, suavemente las cogió entre las suyas, Descanse, descanse. La muchacha cerró los ojos, se quedó así un minuto, se habría quedado dormida de no ser por el barullo que en aquel momento se armó, alguien había ido al retrete y, al volver, encontró su cama ocupada, no había sido por mala intención, el otro se había levantado para el mismo fin, se cruzaron los dos en el camino, está claro que a ninguno de los dos se le ocurrió decir, Ojo, no se equivoque de cama cuando vuelva. De pie, la mujer del médico miraba a los dos ciegos que discutían, notó que no hacían gestos, que casi no movían el cuerpo, muy rápido han aprendido que sólo la voz y el oído tienen ahora alguna utilidad, cierto es que no les faltaban brazos, que podían pegarse, luchar, llegar a las manos, como suele decirse, pero un cambio de cama no era para tanto, que todos los errores de la vida fuesen como éste, bastaba con que se pusieran de acuerdo, La dos es la mía, la suya es la tres, que quede claro, Si no fuéramos ciegos, no habría ocurrido esto, Tiene razón, lo malo es que somos ciegos. La mujer del médico le dijo al marido, El mundo está todo aquí dentro. No todo. La comida, por ejemplo, estaba fuera, y tardaba. De una sala y de la otra, varios hombres se habían ido acercando al zaguán, aguardando que dieran la orden por el altavoz. Pateaban el suelo, nerviosos, impacientes. Sabían que iban a tener que salir al recinto exterior para recoger las cajas que los soldados, cumpliendo lo prometido, dejarían en el espacio entre el portón y la escalera, y temían que aquello fuera una añagaza, una trampa, Quién nos dice que no empiezan a disparar contra nosotros, Visto lo que ya hicieron, muy capaces son, No podemos fiarnos, Yo no voy allá fuera, Ni yo, Alguien tendrá que ir, si queremos comer, Puede que morir de un tiro sea mejor que ir muriendo de hambre poco a poco, Yo iré, Y yo también, No es preciso que vayamos todos, A los, soldados puede que no les guste ver tanta gente, O se asusten, pensando que queremos huir, puede que por eso mataran al de la pierna, Hay que decidirse, Toda prudencia es poca, acordaos de lo que pasó ayer, nueve muertos, nada menos, Los soldados nos tienen miedo, Y yo les tengo miedo a ellos, Me gustaría saber si ellos también se quedan ciegos, Ellos, quiénes, Los soldados, Yo creo que ellos deberían ser los primeros. Todos se mostraron de acuerdo, sin preguntarse por qué, faltó alguien que diera la razón fundamental, Porque así no podrían disparar. El tiempo iba pasando, y el altavoz seguía callado, Habéis enterrado ya a los vuestros, preguntó por decir algo uno de la primera sala, Todavía no, Pues van a empezar a oler mal, van a apestarlo todo, Pues que infecten y apesten, porque lo que es yo, no pienso coger una pala mientras no haya comido, que, como dice el refrán, primero es comer y luego lavar los platos, La costumbre no es ésa, tu dicho se equivoca, es después de los entierros cuando se come y se bebe, Pues conmigo es al revés. Pasados unos minutos, dijo uno de estos ciegos, Estoy pensando una cosa, Qué, No sé cómo vamos a repartir la comida, Como se hizo antes, sabemos cuántos somos, se cuentan las raciones, cada uno recibe su parte, es la manera más justa y más sencilla, No ha dado resultado, hubo quien se quedó con la barriga vacía, Y también hubo quien comió el doble, Es que dividimos mal, Si no hay respeto y disciplina siempre repartiremos mal, Si tuviésemos a alguien que al menos viera un poco, Pues se quedaría él con la mayor parte, Ya decía el otro que en el país de los ciegos el tuerto es rey, Déjate de refranes, aquí ni los tuertos se salvarían, Yo creo que lo mejor será repartir la comida por salas, a partes iguales, y luego que cada cual se las arregle con lo que haya recibido, Quién ha dicho eso, Yo, Yo, quién, Yo, De qué sala eres, De la segunda, Claro, ya lo sabía, como ahí sois menos, salíais ganando, comeríais más que nosotros, que tenemos la sala abarrotada, Yo lo he dicho Página 46 de 148