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mercado latino | ENERO 2019
El hákarl, un plato de la cocina
islandesa a base de carne curada
de tiburón de Groenlandia,
desprende un olor nauseabundo
que quita el aliento.
Murciélagos
de Guam
con carne
dulce
delicatesen, a otro le puede pro-
vocar fuertes arcadas.
Por ejemplo, la zarzaparrilla:
como medio estadounidense que
es, a West le encanta esta cerveza
dulce. Sin embargo, sus amigos
suecos no la soportan. El regaliz
salado, que para muchos escandi-
navos es una exquisitez, a mucha
gente le desagrada. Lo asqueroso
no siempre es un ojo de cordero
flotando en una sopa de tomate.
West espera que una vez las
personas ahonden en la ambiva-
lencia del asco, algún día estén
preparadas para aceptar los insec-
tos como alimento. "No espero
ningún milagro", señala. "Pero sí
que el museo ponga el debate
sobre la mesa."
Hoy se puede catar cerebro de
cerdo, larvas de insectos, la apes-
tosa fruta durián, hákarl o huevos
milenarios de China. Hay mucho
interés y los visitantes más valien-
tes que se atreven a probar estos
platos reciben un aplauso. Según
dicen, el hakárl sabe mucho mejor
de lo que huele.
El Disgusting Food Museum
permanecerá abierto hasta finales
de enero en Malmö y después se
trasladará a otra ciudad, que to-
davía está por determinar. Samuel
West asegura haber recibido ofer-
tas desde Japón, China o Canadá.
Deutsche Presse-Agentur
Por; Till Simon Nagel (dpa)
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por Mercado Latino.