con una sonrisa, un buen decir, una palabra amable, un apapacho al alma.
Criar y cultivar como a dos flores a sus dos hijas. Niñas educadas,
hermosas, que les ayudan en las presentaciones de títeres a armar el
teatrino, responsabilizarse de los tracks de música, repartir volantes,
atender al público, organizar espacios. Eso es loable. Como he venido
cargando el prejuicio de que las personas que capitanean un proyecto
gubernamental y docente en México suelen ser personas mal encaradas,
desconfiadas y poco felices, hallar a dos artistas y académicos con su nivel
de entrega, de diálogo y de reciprocidad, es como encontrar una perla en
un pantano de disquisiciones.
III.
Rafael Santacruz continúa: “El títere es un actor que cobra vida en el
escenario encarnado en el personaje, pero el hecho teatral es efímero y no
tenemos registros fehacientes de la caracterización de los personajes si no
tuvimos la oportunidad de presenciar el espectáculo de manera vivencial,
por lo tanto, el poder salvaguardar a los títeres en un Museo es la mejor
manera de preservar la magia que nos transmite en cada representación.”
-¿Qué ha permitido a Usted y a su esposa Lupita mantenerse creando e
impartiendo clases y talleres, sin rendirse, durante décadas de trabajo y
Arte?
“Creo que esa es justamente la razón.
El dar clases y talleres en diferentes
niveles educativos -y a profesionales y
docentes- nos permite renovar,
actualizar y reconocer los lenguajes y
necesidades de cada sector de la
población, así como descubrir
nuestras fortalezas/debilidades y
tratar de trabajar en ellas.”
IV.
Recientemente, estuve dirigiendo tres
obras con el Grupo “Sueño Azul”, del
mismo estado, y encontré un gran
marotte en la bodega de la
agrupación. Me gustó mucho ese
gigantesco muñeco. Pregunté a la
teatrista Paola López que quién lo había diseñado. Pero antes de que me
contestara, dije que el rostro y los ojos pequeños y azulísimos se parecían a
los de
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