En la Ruta Del Titiritero 08 | Página 65

La misma lógica que usaron los integrantes de “La Vacilona”, la podemos ver en los titiriteros más activos que hemos encontrado en la primera mitad del siglo XX: la Familia Freer. Los Freer, empezando por el patriarca don Pedro, a inicios del siglo XX; hicieron del entretenimiento popular una tradición que pasaba de padres a hijos: carruseles, mascaradas y claro, títeres están entre sus emprendimientos; además de sus recordadas clínicas de muñecos. Por supuesto, los títeres que durante alrededor de 50 años estuvieron en activo, eran básicamente, títeres de guante. Cierto es que había algunos números musicales interpretados por marionetas; pero el guiñol era el más común de los usados por estos artistas de plazas y turnos. Los Freer nos dan varias coordenadas de lo que debió ser el arte de los títeres, no sólo a lo largo del siglo XX; sino que posiblemente hasta tiempos de la colonia. Ellos usaron títeres gigantes, que no siempre son reconocidos como tales. Cercanos a otros personajes; como el ancestral toro del baile de los Diablitos borucas o la centenaria Yegüita de Nicoya, estamos hablando de la Giganta y los mantudos. Estos muñecos enormes, pueden ser considerados títeres de jinete; títeres en los que partes del cuerpo del manipulador sostiene y complementan la figura que se busca representar. Ciertamente, la giganta es más que una máscara o un traje. Sería más exacto definirla como un títere de gran formato que el manipulador anima con todo su cuerpo. Es, después de todo, una muñeca que cobra vida gracias a la destreza de un individuo. Los mismos personajes y técnicas de construcción que se empleaban de la mascarada, se usaron en guiñoles y muñecos de pequeño formato. Retomando a los Freer como ejemplo; sus calaveras o su diablo eran prolongaciones temáticas, estéticas y técnicas de los títeres de gran formato, como la giganta. 3 Así pues, la herencia titiritera popular más antigua y sólida de nuestro país, apunta hacia lo enorme y lo pequeño; siempre con técnicas constructivas y unas estéticas muy similares. Hoy en día, artesanos costarricenses han vuelto, de forma espontánea, a convertir a los personajes de las mascaradas en estatuas decorativas y títeres de gigante. Así pues, se puede descubrir una línea artística popular que nos lleva de la Gigante al Guante. Resultaría muy estimulante, y podría abrir una línea de investigación maravillosa, si los creadores escénicos tomamos esta corriente de exploración popular centenaria y buscáramos una estilización de las 64