A pesar de que es mejor conocida por su
trabajo como muralista, inicio esta labor ya en
su madurez. En parte por razones de salud,
responsabilidades familiares, la enseñanza y su
trabajo en el Partido Comunista, pero quizás una
de las principales causas se debió que en
aquellos años no era muy común que las
mujeres recibieran comisiones para realizar
murales, el muralismo vivía de gran impulso en
esos años por considerarse un importante
vehículo para la educación y era el
Departamento de Artes Plástica de Bellas Artes
donde se impulsaba esa labor. Muchos de sus
colegas de la Sección de Dibujo y Artes Plásticas,
eran comisionados para realizar murales en
diferentes escuelas, pero generalmente los
encargos se encomendaban a los artistas
varones, por lo que la actividad de Elena en ese
departamento se limitó a la enseñanza de aula
7 Escuela de Agricultura Antonio Narro
A inicios de los años 50, Huerta comenzó a buscar oportunidades para
pintar murales, aunque esta hazaña fuera rara para mujeres, su mejor
oportunidad surgió en su ciudad natal, donde su familia aún tenía poder,
realizo tres murales: uno en la Escuela Superior de Agricultura Antonio
Narro (ahora nombrada la Universidad Autónoma Agraria), el Instituto de
Ciencias y Artes de Saltillo (hoy en día el Tecnológico de Saltillo) y el
último quizás el más importante de todos, en el entonces municipio de la
ciudad de Saltillo (ahora el Centro Cultural Vito Alessio Robles) en 1972,
contaba con 65 años de edad. La obra abarca 400 años de historia desde
que se fundó la ciudad y fue realizado en un área de 450 metros
cuadrados, el más grande creado por una mujer en México. La obra tardó
casi 2 años en completarse, comenzado en 1973 y terminado en 1975. Es
considerado uno de los murales más importantes de Coahuila y uno de
los últimos murales en el estilo tradicional del muralismo Mexicano. El
mural fue restaurado en 1999 por dos de los artistas que trabajaron en él
originalmente.
Elena Huerta, La Nena, fallece en la ciudad de Monterrey en 1990 a
la edad de 82 años
En su libro de memorias, El círculo que se cierra, publicado por el
gobierno del estado de Coahuila en 1999, nos entrega el relato sencillo y
sin pretensiones de una mujer que se enfrentó a la vida en momentos
cruciales de la historia de México.
“Si en mi juventud hubiese ido a ver a una gitana y me hubiese dicho: "Vas a casarte con un joven de pelo negro
y tendrás una hija güera de ojos azules, vas a cruzar por primera vez Broadway con muletas y un oficial
finlandés -de casi dos metros de alto, corpulento- parará el tráfico para que puedas pasar sin riesgo. Vas a darle
la vuelta al mundo en cinco años, llegarás a la Unión Soviética por Vladivostok (Siberia) con seis dólares en la
bolsa que gastarás cinco años después en Estocolmo comprando un pescado 'del vidrio soplado del rey'.
Pasarás la Segunda Guerra Mundial en un oasis de Asia Central donde verás a los camellos como a los burros en
tu tierra". Nunca lo hubiera creído, mas son pequeños pasajes de mi vida”.1
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