una vez un teniente, contaba un compañero, que
lo tenía que llevar a Libertad y le dijo: “ahí con la
biblioteca que tienen se doctoran de guerrilleros”.
Había de todos los libros que quisieras.
URU - Una cosa extraña esto que decís?
Z R - Si, si, extrañísimo. Al principio libros de
Marx, de todo. Después empezaron a limpiar y
llegaron a no dejar entrar una revista Siete Días
porque en la carátula decía: La vida en cuba.
Pero que era la vida en cuba, un tipo que las cubas de vino, donde se guardan las botellas, las
había transformado en viviendas. El nivel de los
“sensores” que eran tenientes, daba para la risa.
URU - Cuando se endureció la situación?
Z R - Años después, cuando mataron a Trabal y eso, por cosas que pasaban afuera enseguida se endurecía. Estaban las sanciones,
estaba la famosa “isla”, muchos suicidios.
Compañeros que no aguantaron… Seguro, el
preso político no tiene fecha, no es como el otro
preso civil que más o menos sabe cuando va a
salir. El preso político va de acuerdo a los hechos
de afuera, como se van viviendo.
Había mucha gente desde los que no sabían leer
como también había maestros y profesionales.
Te voy a contar un suceso: ahí estaba dividido,
las visitas y las relaciones públicas lo manejaba
la aviación, las guardias todo a cargo del ejército,
se cambiaban las guardias cada 15 días, venían
de todos los departamentos. Que el milico no se
familiarizara con el detenido. Y la estructura de la
cocina la tenía la marina. Me acuerdo que un día
cambiaron al capitán que estaba cargo ahí y nos
reunió a los “maestros de cocina” y el que estaba
antes le decía: “acá vos no vas a tener ningún
problema, vos que necesitás, un contador público, tenés, un arquitecto, tenés, un médico tenés,
un especialista tenés”. Seguro había de todo. La
profesión que quería la tenía en el penal.
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Una vez estaba el director de Libertad y tenía
roto el auto y dice, no, no, que ningún milico me toque el auto, vayan al piso cuarto que
está el Pocho Arbelo que ese me arregle el
auto. No, no, tenían conocimiento de sus propias
limitaciones.
URU - Cambiemos un poco de tema, acá a
parte de hacer tu trabajo profesional te has
dedicado a la radio mucho tiempo, con programas ligados a la colectividad uruguaya,
¿cómo surgió eso?
Z R - Mirá empecé aquí en La Tribu con “Por el
Mismo Camino” con una columna y después
Patricia Mesiano y su compañero llevaban
un programa “Mediomundo” en AM Radio del
Centro. Un día no podían aguantar mas y me
ofrecieron hacernos cargo. Entonces fuimos
y le pedí a Zulema Barrios, vení ayudame… y
ahí sin ninguna experiencia empezamos. Le
tuvimos que cambiar el nombre, le pusimos
“Encuentro Charrúa” y estuvimos 7 años con
ese programa, con muy buena convocatoria,
porque hasta de Ayacucho nos llamaron, de
Mar del Plata cantidad, desde Juan Lacaze,
Después yo quise, no perfeccionarme pero por lo
menos, hice talleres de radio con Eduardo Aliverti
y el Quique Pesoa. Y estuvimos, ya te digo, siete
años hasta que un sábado llegamos ahí y nos
dicen: “les avisaron a uds. que hoy es el último
programa porque la radio se vendió”. Vendieron
la radio y tuvimos que avisar ese mismo día que
se terminaba el programa.
Después pasamos a “Nuestras Raíces” la
1010 acá en la calle José María Moreno, pero
ya no tenía el alcance, tenía menos potencia
y además estaba superpuesta con otra radio.
Y estuvimos tres años y después los costos
fueron aumentando y los avisadores “orientales” vos sabés que es difícil. Era un problema económico. Así que estuvimos 10 años en
el aire con Zulema y con el “Encuentro Cha-