El Rugido - Año 1, número 3. Agosto 2014 | Page 46

Esto me llevó a formularme la siguiente pregunta: ¿cómo alguien cuya herramienta de trabajo es su propio cuerpo lo daña a través de sustancias? Estamos en estos casos ante una paradoja en la cual muchas respuestas no son sencillas de hallar. Es como si un carpintero dañara martillo, serrucho y clavos, con la lógica salvedad de que no estamos hablando de herramientas sino de personas. Y en ninguno de estos casos el club en el cual juegan estos futbolistas ofrecen un espacio de contención que como institución de carácter social debieran ofrecer. Evidentemente estamos ante la presencia de un vacío existencial en el cual el deporte termina siendo un valor en sí mismo a través del cual el sujeto puede asirse para poder escapar de ese vacío (y no para ser “escapista” del mismo). Y para eso es necesario poner en acción valores de creación. El deporte y los valores de creación: la vuelta del club de barrio Los valores de creación pensados en el contexto del deporte suponen, como en cualquier otro contexto, darle algo propio al mundo. Seguramente sin saberlo, quienes fundaron los clubes de los cuales somos simpatizantes así lo hicieron. Transformaron con su empeño el pequeño mundo que los rodeaba en su época y lograron, a través de la involuntaria explotación de los aspectos sociales del deporte, proporcionar valores de experiencia a muchos otros jóvenes que los siguieron para ser “parte” de algo en gestación. No son los clubes de esa época los mismos que hoy, centenarios, les dan la espalda a sus integrantes, dándoles la espalda en momentos críticos como los que he relatado y se hallan en vinculación con el consumo de drogas. Es por eso que sostengo que es imprescindible que la figura del Club de Barrio vuelva a surgir como un lugar que brinda contención y sentido de pertenencia, ya que “lo que hace de la vida algo insustituible e irremplazable, algo único, algo que sólo se vive una vez, depende del hombre mismo, depende de quién lo haga y de cómo lo haga, no de lo que se haga”. Club es sinónimo de amistad, de infancia, de encuentro con el otro, de un sinnúmero de valores (de experiencia). Pero deben surgir desde los valores de creación que doten al mundo de algo que ha dejado de estar y que se ha visto absorbido por un mundo que aún hoy sigue huérfano de significado, y que ha perdido esa tradición también. Experiencia personal ¿Es posible reflotar esa costumbre en el año 201 4? Sí Tengo actualmente la experiencia de haber fundado, también de modo involuntario, un Club. Tímidamente y a través de una vía tan inverosímil como internet, y con gente desconocida, fui captando a personas con inquietudes similares, con el objetivo, en su momento, de hacer deporte y competir. Con el correr de los años surgió la intrínseca necesidad de autotrascender, es decir, de empezar a darle un cariz formal a algo que nos unía por fuera de lo estrictamente deportivo. A las pruebas me remito y pueden ver con sus propios ojos eso de lo que se trata esta experiencia en la cual buscamos que, a través del deporte, todos se puedan sentir “parte”. Es decir, que el deporte pueda transformarse en una herramienta de Sentido. Lic. Prof. Emmanuel Cordobez 46