c) 23.¥xf3 ¦e8 24.¦xa1 ¥h6+
25.¢d1 £g5 26.£e3 ¦xe3 27.fxe3
£xe3 28.¦h2 £b3+
d) 23.¤xf3 ¥h6+ 24.¢e1 ¥c1
Después de estas jugadas las
blancas llegan a una situación en la
que no existen jugadas razonables.
Si 25.¦g1, la continuación de la
partida puede ser: 25...¦b1 26.£a4
£xb2 27.¤xd6 £c3+ 28.¢f1 ¥xh3+
29.¦g2 ¥xg2+ 30.¢xg2 £g7+
31.¢f1 b3 etc.
XIIIIIIIIY
9-+-+-+-mk0
9+p+-+-+p0
9-+-zp-+-+0
9+NzpP+-+-0
9-zpP+-wq-+0
9+-+-+-+P0
9-zP-mKptr-+0
9tR-+-tR-+-0
xiiiiiiiiy
22...f3! 23.¤c2 Dice Simagin
que, después de esta jugada,
«la situación de las blancas es
desesperada en todas las variantes».
Y para mostrarlo ofrece las
siguientes alternativas a modo de
ejemplo:
a) 23.¦xa1 ¥h6+ 24.¢d1 fxe2+
25.¢xe2 ¥g6! (mejor que 25...¥g4+
26.f3) 26.f3 (Son inferiores tanto
26.¢d1 £d4+; como 26.¦h2 £e5+.
En cuanto a 26.¦f1 sigue ¦e8+
27.¢d1 £e5) 26...¦e8+ 27.¢f1 £e5
28.£d1 £g3 29.¤g2 ¦f8 30.¤e1
¥e3 31.£e2 ¥d3!!
b) 23.¥d3 ¥h6+ 24.¢c2 ¦xd1
25.¢xd1 £g5 26.£c2 ¦a8!
L
a continuación hasta el mate
podría haber sido: 31.¢c2
£xc4+ 32.¢d2 La jugada que más
alarga la agonía. Si 32.¢b1 £d3+
33.¢c1 ¦f1 34.¦a8