El Rincón del Ajedrecista Junio 2013 | Página 34

¿Ideal de belleza? Julián Alonso Martín L a partida que pienso ofreceros en esta ocasión es casi un modelo de las características que debe reunir un enfrentamiento ante el tablero para que pueda ser considerado aspirante a un Premio de Belleza L a existencia de un plan ordenado según las necesidades de la posición y la adecuada ejecución de dicho plan, dotan de «unidad lógica» a la partida de ajedrez. La solución feliz de los problemas del juego es el resultado de UNA PARTIDA bien conducida, no el afortunado «hallazgo» en alguna de sus partes o la consecuencia de un grave «accidente» del adversario. «El juego —escribe Huizinga en Homo Ludens— exige un orden absoluto… Esta conexión íntima con el aspecto de orden es, acaso, el motivo de por qué el juego… parece radicar en gran parte dentro del campo estético». N o obstante, habremos de reconocer que algunos enfrentamientos ajedrecísticos, que incluso encuentran acogida en la prensa especializada, muestran tal descoordinación entre sus partes que no pasarán, desde luego, a engrosar el acervo de bellas partidas recordadas durante mucho tiempo. Pero las que sí alcanzan ese privilegio tienen, entre sus valores, el de la unidad como primer referente de su calidad estética. Sin embargo, esta condición debe ser matizada de inmediato; porque no es suficiente para la valoración estética de una partida —si esta no se manifiesta variada y diversa en su misma unidad—. Reconocemos que, en las obras de arte, la simple repetición de las partes, por mucho carácter unitario que tenga el conjunto, no consigue un efecto estético; así, en la partida de ajedrez, el orden y la organización, por sí solos, no conducen a la emoción y satisfacción estética de quienes la contemplan o reproducen; antes, al contrario, caerá con facilidad en la monotonía y el aburrimiento. 33 S i el camino para evitar la confusión y el desorden es la unidad, para no dirigirse hacia la monotonía habrá que echar mano de la variedad. «El encanto del ajedrez reside en su variedad» escribe Javier Vargas. La unidad no rechaza la existencia de un amplio número de elementos diversos; pero sí exige que, en alguna medida, se hallen integrados en el todo unificado. En la partida de ajedrez no es difícil diferenciar sus partes (por ejemplo: apertura, medio juego, final) pero es preciso que la Partidas premiadas E l criterio central —casi universalmente aceptado— para juzgar una obra de arte, al menos en su aspecto formal, es la UNIDAD. «La unidad es lo opuesto al caos, la confusión, la desarmonía». Las partidas de ajedrez que, después de jugadas sobre el tablero, son reproducidas una y otra vez por aficionados y críticos que disfrutan de su belleza, responden sin duda a un modo de organización donde los «opuestos» que acabamos de mencionar (caos, confusión,…) no se producen. Una partida de ajedrez nunca será elogiada por su desorganización o la desunión y descoordinación entre sus partes.