El sacrificio del caballo en g5
MF Luis Fernández Siles
E
l ajedrecista debe recurrir a todo un arsenal de conocimientos a la hora de tomar diferentes decisiones durante una
partida. Muchos piensan que esas decisiones dependen exclusivamente del cálculo de variantes y achacan una especial
capacidad en esa faceta a los ajedrecistas fuertes. No hay duda de que calcular correctamente será siempre un buen
aliado del jugador de ajedrez, pero debemos entender que el cálculo de variantes es solamente un apoyo a todo el proceso de
pensamiento durante una partida. Conocer las diferentes estructuras de peones y los planes relacionados con ellas, los tipos de
centros, las principales ideas tácticas y sacrificios temáticos, los finales más importantes, las ideas generales acerca de diferentes
temas estratégicos, las leyes fundamentales de la apertura y un millón de etcéteras forman parte de ese arsenal que comentaba
al principio.
C
onforme un jugador va sumando conocimientos a este arsenal, será capaz de manejar multitud de conceptos que le ayudarán
a la hora de tomar decisiones, usando el cálculo como apoyo para intentar que las ideas que se manejan se puedan poner en
orden de manera eficaz sobre el tablero.
n el presente artículo vamos a
tratar una de esas posiciones
que requieren la toma de una
importante decisión que puede
cambiar el rumbo de la partida y en
donde muchos jugadores se
embarcan en un largo y profundo
cálculo de variantes. Se trata de esas
posiciones en las que uno de los
bandos, habiendo enrocado corto,
avanza los peones «h» y «g» para
expulsar a un alfil enemigo (que
normalmente realiza una molesta
clavada sobre el caballo defensor del
enroque). En el caso descrito se
produce la posibilidad de realizar un
sacrificio de pieza por los dos
peones («h» y «g») que avanzan
expulsando al alfil. ¿Cuándo puede
funcionar este sacrificio? ¿Qué
pistas tiene el jugador para saber
que el sacrificio puede ser realizado
con éxito? ¿Qué ideas y planes
podemos manejar a la hora de
tomar la decisión final? Por
supuesto que el cálculo de variantes
será importante, pero recordemos
que debe ser un apoyo y no el pilar
de nuestro pensamiento.
O
bservemos
posición.
la
siguiente
Gelfand–Topalov
[D37] Montecarlo (Ráp.) 1999
XIIIIIIIIY
9rvl-wq-trk+0
9+p+-+pzp-0
9p+n+lsn-zp0
9+-zPpzp-+-0
9-zP-+-+-vL0
9zP-sN-zPN+-0
9-+-+LzPPzP0
9+-tRQ+RmK-0
xiiiiiiiiy
E
l alfil de h4 (las blancas acaban
de jugar ¥g3-h4) ejerce una
molesta clavada sobre el caballo de
f6. Las blancas amenazan cambiar
en f6, lo que dejaría a las negras con
dos posibilidades: capturar en f6
con dama, perdiendo el peón de d5,
o capturar con peón, deteriorando la
estructura de peones del enroque y,
consecuentemente, debilitando la
posición de su rey.
T
opalov avanzó en este momento
su peón a g5. Observemos que si
13
Caricatura de Topalov
el alfil de casillas oscuras de las
negras pudiera llegar a e7, Topalov
no tendría que recurrir a este
drástico avance. Normalmente, este
es uno de los temas que aparece en
estas posiciones, la ausencia —o
incapacidad para intervenir en el
flanco de rey— del alfil que
ayudaría a desclavar el caballo
defensor del enroque. Como
veremos este detalle favorecerá un
posible
sacrificio
en
g5
(comenzando por ¤xg5).
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E