EL REY Y LOS BOSQUES | Page 5

fuente, en el medio, hecha de oro. Esa fuente era muy antigua, pues había sido hecha por el primer rey de aquel reino. A todos le gustaba la fuente, excepto al rey Felipe. En los bosques del reino habitaban muchos animales distintos unos de los otros, de los más extraños y espantosos, hasta los más admirables. Ahí había una riqueza increíble, tantos tipos de árboles, tantas plantas medicinales o simplemente decorativas y tantas flores, muy hermosas y olorosas. Sin embargo, el rey estaba ciego por su maldad, egoísmo y ambición. Quería un palacio más grande, porque su palacio se estaba quedando viejo y el rey no se contentaba con palacios pequeños, así que pensó en construir un palacio mucho más grande que aquel que tenía en ese momento. Además quería un palacio más grande que aquel que tenía el rey vecino. El palacio sería de cristal y las puertas altísimas. Tendría muchas piezas en oro y plata. Del exterior sería el más bello palacio de todos los tiempos. Después de muchos días, pensando como haría su palacio magnífico, decidió cortar todos los árboles de los bosques del reino, pues así habría espacio para hacer su palacio y además podría aprovechar la madera para la construcción del edificio y hacer algunos muebles y utensilios para la cocina. Seguidamente, llamó sus súbditos y les dijo que quería un palacio muy grande, construido en los bosques. El palacio tendría cinco pisos, quinientas habitaciones, trescientos cuartos de baño, cien salones de fiestas, cien salones comedores y muchos más. Él quería el palacio más bonito del mundo, bañado en oro. El día siguiente los trabajadores estaban preparados para empezar a trabajar. Un a un los árboles iban cayendo y cada vez se aproximaba la construcción del palacio. Cada uno tenía sus deberes y todos tenían que trabajar arduamente. Quien no veía esta idea con buenos ojos era Agnes, una de sus hijas, que estaba muy preocupada con el hábitat de los animales que habitaban los bosques y que estaba siendo destruido con la construcción del palacio. Su esposa también estaba horrorizada con la destrucción de los bosques. 3